El centésimo que no sube

Seis noventa y nueve no es siete
El artículo 8 manda truncar. Entre aprobar y recuperarse puede haber una diferencia que ninguna escuela alcanza a ver sin lupa.
Para los subniveles Media y Superior y para el Bachillerato, el artículo 8 fija la escala de 1,00 a 10,00 y agrega una instrucción que cabe en una línea: los promedios se calculan con dos decimales truncados. Truncar no es redondear. Redondear perdona; truncar corta.
Hagamos números. Un estudiante promedia 6,999. Redondeado, es un 7,00 y pasa de año. Truncado, es un 6,99: el artículo 23 lo manda a evaluación supletoria (de 4,01 a 6,99) y el artículo 10 lo ubica en el rango de alerta (de 0,01 a 6,99). Un milésimo separa al niño que promueve del que debe volver en vacaciones.
Hay otro precipicio, un poco más abajo. Con 4,00 o menos en una o más asignaturas, en Básica Superior y Bachillerato, la repetición directa es automática (artículo 25). Con 4,01 hay supletoria. Otra vez un centésimo hace de frontera, ahora entre repetir y recuperarse.
Para el subnivel Media, el artículo 27 abre una puerta: quien no llegue a 7,00 ni después de la supletoria puede ser promovido por informe de la junta de docentes. Un año más tarde, en Superior, el mismo centésimo ya no tiene puerta. La edad del niño decide si el decimal es consulta o sentencia.
Ahora el giro. Un docente no puede cambiar la regla del truncado, pero sí puede evitar que un niño llegue al borde. El 70% de evaluación formativa que fija el artículo 36 existe para eso: para que el 6,99 se vea venir en la segunda semana y no en el último parcial. La evaluación que llega al borde sin que nadie lo haya visto no falló en el decimal: falló en la mirada.
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