Un convite antes que un decreto
La ley no enseña sola: hace falta juntarse a leerla
Un convite, no un decreto.
Hay documentos que uno lee solo, en la oficina, con el café enfriándose al lado, y hay documentos que solo se entienden bien cuando alguien más los lee con uno. Los Acuerdos 028A y 044A pertenecen, sin duda, al segundo grupo. No porque el texto sea oscuro —la letra ministerial rara vez lo es—, sino porque lo que cambia ahí no es solo un procedimiento: es la manera en que un rector, un docente, un DECE, entienden lo que les corresponde hacer cuando la convivencia en la escuela se tensa.
Llevo años leyendo estos papeles con el lápiz en la mano, subrayando, cotejando artículo contra artículo. Y he aprendido algo que no está en ningún acuerdo: la norma se vuelve segura cuando se conversa, no cuando se memoriza. Por eso esta vez no quiero mandarles un resumen ni un oficio circular. Quiero invitarlos a sentarnos, de verdad, en un salón con vista a la montaña, a mirar juntos qué cambia, qué implica y cómo nos toca actuar cuando la convivencia educativa deja de ser un tema de manual y se vuelve un lunes cualquiera en el aula.
Comprender la norma también es una forma de cuidar a quienes tenemos delante —y de cuidarnos a nosotros mismos cuando llega el momento de decidir.
— Hugo Patricio Chávez
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