Baúl de sastre
Baúl de sastre
Retazos del diario vivir, sin patrón ni hilo conductor — o con uno que a veces ni yo mismo entiendo
Un sastre guarda en su baúl cosas que no tienen relación aparente entre sí: un botón que sobró de un abrigo de 1987, medio metro de tela que algún día iba a servir para algo, agujas de varios tamaños, hilo de tres colores distintos y ninguno completo. Y sin embargo, cuando necesita arreglar algo, mete la mano y encuentra exactamente lo que buscaba.
Eso es más o menos lo que ocurre con la vida de un educador si uno se detiene a mirarla con honestidad y un poco de distancia.
Esta página no es para las reflexiones serias. Las reflexiones serias están en otro lado, madrugando con De La Salle y Agustín. Aquí es donde aterrizan las otras cosas: las que pasan en el camino, en la reunión que se extendió una hora más de lo necesario, en el momento en que uno se da cuenta de que lleva dos días sin leer nada que no sea un oficio ministerial.
Hay días en que soy siete oficios y ocho necesidades, consultor, hijo, padre, viajero entre Riobamba y Puyo, y todavía alguien me escribe a las once de la noche para preguntarme si puedo revisar "algo rápido".
En esos momentos, el baúl no tiene botones que sobren. Tiene, si acaso, hilo suficiente para rematar el día y cerrar bien.
No voy a pretender que todo lo que escriba aquí va a tener moraleja. Algunas cosas la tienen y se descubre al final, como esos chistes que uno no entiende hasta dos días después en la ducha. Otras son simplemente lo que son: una observación, una pequeña incomodidad convertida en palabras, algo que me hizo reír o que me dejó pensando más de lo que merecía.
Soy, entre otras cosas, un hombre que lleva décadas convencido de que la educación es un acto profundo y necesario, y que al mismo tiempo ha presenciado reuniones de tres horas para decidir el color de los afiches del Día del Maestro. Las dos cosas son verdad. El baúl tiene espacio para las dos.
Qué puede aparecer por aquí
- Lo que me pasó esta semana y no encaja en ningún informe pero tampoco puedo dejar pasar
- Conversaciones con estudiantes que merecen más que un like
- El absurdo burocrático narrado sin amargura, porque si no uno llora
- Lecturas sueltas que no son para ningún marco teórico, solo para mí
- La Amazonía y la Sierra como fondo permanente: su luz, su lluvia, su manera de poner todo en perspectiva
- Cualquier otra cosa que encuentre al meter la mano en el baúl ese día
Escribir el diario vivir tiene una dificultad que nadie menciona: exige honestidad sin audiencia en mente, y yo llevo años escribiendo para audiencias. Actas, informes, artículos académicos, planificaciones. Documentos que tienen destinatario, formato y propósito declarado. Aquí el propósito es otro: que algo quede dicho, aunque sea torcido, aunque no cierre bien, aunque la conclusión sea que no hay conclusión.
Si en el camino eso le sirve a alguien, mejor. Si no, al menos el sastre habrá ordenado un poco el baúl.
Esto no tiene método. Tiene costumbre, que a veces es más honesta que el método.
Asómate cuando quieras. El baúl siempre está abierto.
Hugo Patricio Chávez · Con raíz y propósito