Tres en uno.
El nivel que
nadie te pregunta
Para el educador que necesita saber qué está descuidando.
"El optar, consciente o inconscientemente, por uno de los tres niveles, con exclusión de los otros en la vida práctica, sería un empobrecimiento grave de la propia identidad, aparte del perjuicio que se causa a los destinatarios de nuestra labor educativa."Antonio Botana, FSC · Itinerario del Educador, Cuadernos MEL 8/9, Tema 1 · Hermanos de las Escuelas Cristianas, Roma
El fin de semana pasado recorriste tres días. Cada uno te dejó algo. El viernes te recordó que eres embajador además de trabajador. El sábado te mostró tres miradas frente al estanque. El domingo te enseñó a escuchar galaxias en el silencio. Y el lunes te puso frente a la puerta cerrada de Francisco.
Hoy es martes. Y hoy el Hermano Antonio Botana te pone frente al espejo con una pregunta que nadie te hace en la reunión de coordinación: ¿cuál de tus tres niveles como educador estás descuidando?
Botana describe algo que todo docente sabe pero casi nadie nombra: que la identidad del educador se vive en tres niveles simultáneos. No tres opciones. Tres dimensiones de la misma persona. Y que optar por uno con exclusión de los otros — consciente o inconscientemente — es un empobrecimiento grave.
El trabajador de la enseñanza. La necesidad de hacer o trabajar para vivir. La motivación es la propia supervivencia — y la de quienes dependen de ti. Supervivencia digna, comparativamente al ambiente social en que estás inmerso. Que requiere un sueldo apropiado.
El profesional de la enseñanza. La necesidad de reconocimiento social, de ocupar un puesto honroso. Se caracteriza por su saber, su competencia, su dominio de las materias que ha de enseñar. La motivación es el afán de valorarse y sentirse valorado, de autoestima y éxito, de ser respetado y apreciado.
El educador vocacionado. El núcleo mismo de la identidad. El "ser" de la persona que necesita proyectarse en el mundo contribuyendo a su construcción. Se siente a sí mismo realizado siendo educador. Tiene la impresión de estar ocupando el lugar adecuado en la sinfonía de la creación. La motivación procede de una actitud de servicio y creatividad para dar respuesta adecuada a las necesidades de los destinatarios de su labor.
Botana no está haciendo teoría. Está describiendo lo que vives cada martes cuando tienes que elegir entre tres cosas y no puedes quedarte con las tres.
Esto es lo que escribe Botana textualmente:
"Este es el caso que se me presenta cuando tengo que decidirme entre una semana más de vacaciones veraniegas con mi familia o asistir a un cursillo que puede mejorar mi competencia profesional; o también, cuando tengo que elegir entre la posibilidad de dedicar un tiempo extra a unos alumnos necesitados, o utilizar ese mismo tiempo para lograr un título académico que me puede beneficiar profesionalmente, o incluso dedicar ese tiempo a mejorar mi economía con algunas clases particulares..."
Ahí está. El martes de cada semana en forma de párrafo. Elige uno y descuidas los otros dos. Y no hay salida fácil porque los tres valores son legítimos. Botana no te ofrece una fórmula mágica. Te ofrece algo más incómodo: un diagnóstico.
Si quieres evitar el conflicto permanente en el interior de tu propia identidad — lo que equivaldría a una identidad rota — tienes que adoptar una perspectiva única, desde uno de esos tres niveles, y contemplar desde él los otros dos.
Y aquí viene lo que el sistema educativo no te va a decir nunca: Botana propone que esa perspectiva única sea el tercer nivel. El vocacional. No porque los otros dos no importen — importan. Sino porque solo desde el tercero puedes integrar los otros dos sin que te destruyan.
El educador que estructura su identidad desde el nivel laboral vive para sobrevivir. Hace lo mínimo. Cumple el contrato. Y cuando algo le exige más allá del sueldo, se retira. Es su derecho — pero Botana dice que eso no es un auténtico educador. Es un trabajador de la enseñanza.
El educador que estructura su identidad desde el nivel profesional vive para ser valorado. Busca reconocimiento, competencia, éxito. Y cuando algo o alguien amenaza su estatus, lo defiende aunque el estudiante se quede afuera. Es legítimo — pero tampoco es suficiente.
El educador que estructura su identidad desde el nivel vocacional no renuncia a ninguno de sus derechos en los otros niveles — Botana lo dice textualmente. Reclama su sueldo digno. Cultiva su competencia profesional. Pero cuando tiene que elegir, elige desde las necesidades de sus alumnos. Y esa elección no lo destruye. Lo realiza.
Eso es lo que el lunes de Francisco preparó sin que te dieras cuenta. Cuando la puerta no se abre — cuando el sistema no te reconoce, cuando el sueldo no llega, cuando el cursillo que necesitas choca con el estudiante que te necesita — la alegría verdadera no depende de cuál puerta se abre. Depende de desde dónde decidiste pararte antes de golpear.
Botana escribió esto hace décadas en Roma. Para formación inicial de educadores lasalianos. Pero la pregunta es de hoy y es para ti.
¿Desde qué nivel estás tomando las decisiones de esta semana?
¿Desde la supervivencia? ¿Desde el reconocimiento? ¿Desde el servicio?
No hay respuesta correcta en abstracto. Hay solo honestidad concreta.
Y si descubres que estás viviendo solo desde uno de los tres niveles — con exclusión de los otros — Botana no te condena. Te diagnostica. Y el diagnóstico es el primer paso para dejar de tener una identidad rota.
El martes es para eso. Para mirarte al espejo y ver cuál de los tres niveles has estado descuidando sin darte cuenta. Y para preguntarte si todavía hay tiempo de ajustar el rumbo antes de que acabe la semana.
Para hoy
Hoy no tienes que cambiar nada todavía. Solo diagnosticar.
Esta semana, ¿desde qué nivelhas estado tomando las decisiones?
¿Cuál de los tres has descuidado?
Si la respuesta es honesta, ya hiciste algo
que la mayoría de los docentes no hace nunca:
pararte frente al espejo sin mentirte.
El ajuste viene después. El diagnóstico es hoy.
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La reflexión completa, con las fuentes y el contexto de Botana, está en el blog.
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