Amasar entre todos

Doce corresponsables y una sola masa
El art. 6 del Acuerdo 044-A enumera doce corresponsables de la protección y el bienestar del estudiante: la autoridad institucional, el equipo directivo, el DECE, los docentes tutores y de aula, los docentes de apoyo a la inclusión, las unidades distritales, el área jurídica, las familias, los organismos externos y, en el lugar once, «Estudiantes y sus formas de participación». Es una lista generosa. Conviene preguntarse si doce nombres en un artículo bastan para hacer una comunidad.
Lo que la norma puede y lo que no
La Constitución, citada en los considerandos del Acuerdo 028-A, dice que las personas, las familias y la sociedad «tienen el derecho y la responsabilidad de participar en el proceso educativo» (art. 26), y manda garantizar «la participación activa de estudiantes, familias y docentes en los procesos educativos» (art. 347, n. 11). El propio 028-A define la convivencia como «una construcción colectiva» y pide relaciones horizontales, democráticas y respetuosas (art. 4). Un decreto puede abrir la puerta y señalar quién debe entrar. Lo que no puede fabricar es el deseo de entrar.
Qué pide un pacto de verdad
El Vademécum del Pacto Educativo Global lo explica con una claridad que sirve para cualquier claustro. Para hacer un pacto hacen falta dos o más personas diferentes que decidan comprometerse en una causa común, y el respeto a la diversidad es su primera condición previa. Un pacto, entonces, no uniforma. Francisco habla de una «aldea de la educación», una red de relaciones con la persona en el centro. La palabra clave es aldea, un lugar donde la gente se conoce por el nombre.
La objeción honesta
Todos conocemos escuelas con comité de padres, gobierno estudiantil y junta de docentes que figuran en el acta y nunca se reúnen. Ahí la comunidad existe en el papel y la masa sigue sin levadura. Una masa no sube por orden de nadie: necesita tiempo, calor y que no la golpeen a cada rato. Con las comunidades pasa lo mismo.
Tres levaduras posibles
Una comunidad también tiene origen
Pregunta en tu institución cómo empezó todo: quién abrió la puerta, qué maestro llegó primero, qué familia levantó el primer salón. Contar ese origen hace más comunidad que un comunicado. Quien sabe de dónde viene la casa se siente de ella.
Para seguir pensando. En esa masa común hay una mano que muchas veces llega tarde o llega citada: la de la familia. ¿Cómo se la sienta a la mesa en vez de convocarla? De ahí parte la próxima entrega.
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