No es un ranking, es un espejo
No es un ranking, es un espejo · Reflexión 1
Quieren saber cómo funcionan las cosas
Un chico de quince años te va a preguntar por qué el motor de una moto hace ruido antes de arrancar, y tú vas a improvisar una respuesta a medias. Según el informe oficial que Ecuador acaba de publicar, eso —esa pregunta que no estaba en tu planificación— es exactamente el activo más valioso que tiene este país.
El INEVAL publicó en septiembre de 2026 "Principales resultados de Ecuador PISA 2025", con los datos de la segunda participación del país en la prueba. Entre las preguntas que se hizo a 9.128 estudiantes de 266 instituciones había dos que no miden matemática ni lectura, sino algo más simple: si les gusta aprender. El 81% respondió que sí le gusta aprender cosas nuevas. El 80% dijo que le gusta saber cómo funcionan las cosas. Ambos números superan el promedio de América Latina (76%) y el de los países de la OCDE (69% y 74%).
Paulo Freire tenía un nombre para esto, distinto del que usamos en la sala de profesores. Hablaba de curiosidad epistemológica: no la curiosidad ingenua que se conforma con la primera respuesta, sino la que se vuelve rigor, método, pregunta que empuja a la siguiente pregunta. Freire insistía en que esa curiosidad no se enseña de cero — ya está ahí, en el estudiante, antes de que el maestro abra la boca; lo único que decide el aula es si se afina o si se apaga.
Y aquí es donde el dato empieza a doler un poco. El mismo informe que celebra ese 80% de curiosidad es el que registra que solo el 20% de los estudiantes ecuatorianos alcanza el nivel mínimo de competencia en Matemática — la cifra más baja de las tres áreas evaluadas. No es que a los chicos les falte el fósforo. Es que algo entre la pregunta y la respuesta se está llevando la mitad de la llama.
Conocemos esa aula. La conocemos porque la hemos dado. Es la que tiene cuarenta minutos, un contenido que "hay que cubrir" y una pregunta que llega tres minutos tarde para el plan del día. El currículo no tiene una casilla que diga "aquí detente y deja que pregunten". Así que la pregunta se contesta rápido, mal, o se posterga para "otro momento" que casi nunca llega. Uno no mata la curiosidad por mala fe. La mata por agenda.
Freire llamaba a esto, en su forma más extrema, educación bancaria: el maestro deposita, el estudiante archiva. No hace falta llegar a ese extremo para reconocer el síntoma cuando aparece en pequeño — cada vez que una pregunta genuina se responde con "eso lo vemos después" y "después" nunca llega, algo de esa curiosidad del 80% se queda esperando en la puerta.
La pregunta no es si Ecuador tiene estudiantes curiosos. El informe ya lo respondió. La pregunta es qué hacemos nosotros, en la siguiente clase, con la mano que se levanta fuera de horario.
La próxima vez que una pregunta te descoloque el plan de clase, no la apures. Anótala si hace falta, pero no la apagues. El informe que estamos leyendo esta semana dice que ese gesto tuyo, repetido, es política educativa hecha en el pizarrón.
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