Presente, aquí, ¿y quién más?
Pasar lista no es lo mismo que nombrar
Freire tiene un nombre feo para lo que casi todos hicimos ayer sin darnos cuenta: educación bancaria. Consiste en depositar y archivar. El educador deposita un contenido, el educando lo guarda sin tocarlo. Y hay pocos gestos tan bancarios como pasar lista: un nombre leído en voz alta, un "presente" devuelto sin levantar la vista, un check en la casilla. Depósito hecho. Siguiente nombre.
Nadie se educó en ese intercambio. Nadie fue nombrado tampoco, en realidad — solo fue fichado. Freire lo dice con precisión quirúrgica: en la educación bancaria el educador es quien habla, y los educandos quienes escuchan dócilmente; el educador es quien actúa, y los educandos tienen apenas la ilusión de que actúan. Treinta y cinco nombres leídos en fila son treinta y cinco ilusiones de haber empezado un vínculo.
Lo interesante —y lo que Freire llama dialógico— pasa en otro segundo, casi accidental, que a lo mejor ya ocurrió ayer sin que nadie lo anotara en ningún registro oficial: el momento en que, en medio del pase de lista mecánico, el profesor levantó la vista sin querer y se encontró con la de un estudiante que también estaba mirando. Ahí, por un segundo, el educador dejó de ser el que solamente deposita. Empezó, aunque sea un poco, a ser educado también por esa mirada.
Nada de esto sale en el acta de la reunión de docentes. No hay casilla en el sistema del Ministerio para registrar el segundo exacto en que un profesor de verdad vio a un estudiante, en vez de simplemente marcarlo presente. Y sin embargo esa es, probablemente, la única parte del primer día que de verdad cuenta para lo que viene después.
Antes de pasar lista mañana, elige a alguien y de verdad mira quién responde.
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