Feliz Cumple!

Baúl de Sastre

86 años subiendo la misma escalera

Un cuento de cumpleaños para Huguito, que nunca supo que Dios usaba su escuela como escalón.

Dicen los que madrugan en Riobamba —los lecheros, los panaderos, algún perro insomne— que hay una hora, justo antes de que el Chimborazo se quite la cobija de nubes, en que del techo de una escuela vieja sale una escalera. No es de madera ni de hierro: es de una luz que no calienta, apenas alumbra, y por ella suben y bajan unas figuras que los vecinos, por pereza teológica, han decidido llamar simplemente “los que van y vienen”. Suben para preguntar qué necesitan los niños de ese día. Bajan para enseñárselo. Un fraile francés, hace trescientos años, escribió que esa escalera es la misma que vio Jacob dormido en Mesopotamia, y que quien educa —sin saberlo casi siempre— repite ese oficio de ángel: mitad mensajero, mitad maestro de escuela.

Nadie en Riobamba se ha tomado tan literalmente ese oficio como el hombre que en 1973 llegó a un plantel casi vacío, con las arcas flacas y el ánimo terco, a hacerse cargo de una escuela que la ciudad había dado por perdida. Tenía treinta y pocos años y un apellido —Chávez— que todavía no pesaba lo que pesa hoy. Lo llamaban, y lo siguen llamando, Huguito. El diminutivo le quedó para siempre, como les pasa a los hombres grandes a quienes el cariño se niega a agrandarles el nombre.

Huguito Chávez, cumpleaños, tres momentos lasallistas

Riobamba, algún año entre el primero y el que cumple hoy.

Cuenta la crónica —y aquí la memoria familiar se toma sus licencias, que para eso es memoria y no acta notarial— que aquel salón vacío se fue llenando como se llenan los panes y los peces: sin que nadie viera exactamente el momento en que dejaron de alcanzar las sillas. En nueve años la escuela se hizo mixta; en pocos más, pasó de un puñado de muchachos a más de mil voces gritando en los recreos. Huguito y Doña Ceci —porque estas embarcaciones nunca las maneja uno solo— se quedaron cuarenta y tres años timoneando el mismo barco, hasta que un día llegó un tren cargado de autoridades, hermanos de sotana negra y cuello blanco y toda la ciudadanía, solo para decirles gracias por algo que ellos, con toda honestidad, jamás pidieron que se les agradeciera.

Yo, que fui alumno de esa escuela antes de ser su cronista y que después heredé el oficio —o el vicio, según se mire— de subir y bajar la misma escalera, puedo dar fe de una cosa que ningún acta institucional registra: Huguito nunca enseñó nada que no hubiera subido primero a preguntar. Cada mañana, antes de las siete, antes del primer timbre, hacía ese trayecto invisible que el fraile francés describió sin conocerlo: subir a averiguar qué hacía falta, bajar a dárselo a quien lo necesitaba, sin cobrar la gloria de nombrarlo ángel.

Huguito Chávez, homenaje, escalera de luz

Hoy la escalera sigue subiendo, aunque el hombre ya lleva más años de los que cualquier acta contempla y ya no necesita llegar a las siete porque —secreto a voces del pueblo insomne— nunca dejó realmente de estar ahí. Los que hoy tienen hijos en esa escuela y los nietos de quienes fueron sus alumnos juran haber visto, en las mañanas de más neblina, una figura conocida cruzando el patio con el mismo paso de 1973, revisando que todo esté en su sitio antes de que el mundo despierte.

Feliz cumpleaños, papá. Que la escalera te siga debiendo escalones —para que sigas subiendo a preguntar, y bajando a enseñarnos, muchos años más.

Con todo el cariño de tu hijo — Riobamba, con raíz y propósito

#baúl de sastre  #Lasalle  #lasallista  #cumpleaños

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Comentarios

  1. Feliz cumpleaños Huguito Dios derrame salud y vida para que siga transitando la magica escalera luminosa...

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  2. Muy bonita historia que desconocía, gracias por hacernos conocer un poco más de Don Huguito Chávez... Bendiciones abundantes para su vida y feliz cumpleaños

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