El día que doce maestros se asociaron
El umbral que el Ministerio no puede legislar
El 6 de junio de 1694, Juan Bautista de La Salle y doce compañeros se reunieron para hacer algo que ningún maestro de su época hacía: «se asociaron para consagrar su vida a la educación cristiana de los niños pobres» (43° Capítulo General, Circ. 447). No firmaron un convenio de trabajo. No repartieron horarios. Se comprometieron los unos con los otros, no solo con la tarea. Ese gesto — trece personas jugándose la vida entera juntas — es la fuente de lo que hoy llamamos, con más frialdad, "trabajo en asociación".
Trescientos años después, los Cuadernos MEL de Botana le ponen nombre preciso a ese momento: «El encuentro entre las personas es el umbral de la misión compartida. En el lado externo de ese umbral ponemos en común nuestras habilidades. Y cruzamos ese umbral cuando empezamos a poner en común nuestras personas» (Cuadernos MEL 8/9, Tema 12). Hay una diferencia exacta entre coordinar un proyecto y asociarse para él. Del lado de afuera del umbral, un equipo reparte tareas. Del lado de adentro, un equipo comparte quiénes son.
El Ministerio le pide a usted, esta semana, armar un proyecto interdisciplinario con sus colegas. Puede exigir reuniones, actas, una rúbrica de evaluación. Lo que no puede legislar — porque no depende de ningún acuerdo ministerial — es si ese equipo cruza el umbral. Me atrevo a una profecía sin mucho riesgo: la mayoría de los proyectos interdisciplinarios de este año se van a quedar del lado de afuera. Van a funcionar. Van a cumplir. Y no van a transformar absolutamente nada.
La diferencia no la va a decidir el formato del proyecto, ni lo interesante del tema que elijan entre las áreas. La va a decidir algo mucho más simple y mucho más difícil: si en algún momento del proceso alguien se anima a decir, no "yo hago esta parte", sino algo de quién es — un miedo con este grupo de estudiantes, una duda sobre si esto va a funcionar, una alegría real por trabajar con este colega. Eso es cruzar el umbral. Y nadie lo puede poner en la rúbrica.
Este arco empezó preguntándole al maestro, antes que a nadie más, desde dónde llega este año. Siguió con lo que La Salle ya sabía de un niño antes de enseñarle una letra. Continuó con un salón donde nadie cargaba la etiqueta de atrasado. Y termina aquí, en el umbral: un protocolo de inicio de año se cumple con la cabeza. Se transforma en algo real solo cuando las personas involucradas — maestro, estudiante, colega — se atreven a cruzar hacia el otro lado.
En la primera reunión de su proyecto interdisciplinario, antes de repartir tareas, cuente algo de usted que no está en la agenda. Es la manera más simple de empezar a cruzar el umbral.
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