Un emperador prohibió tu trabajo
Tu oficio daba tanto miedo que lo prohibieron
San Juan Bautista de La Salle · Meditaciones para los días de Retiro, Séptima meditación (MR 199)
En el siglo IV, un emperador romano prohibió por ley que los cristianos ejercieran un oficio específico. No el de soldado, no el de senador: el de maestro. Sabía exactamente qué estaba destruyendo si te destruía a ti.
La Salle cuenta la historia de san Casiano: cuando el emperador Juliano el Apóstata prohibió a cualquier católico enseñar a la juventud, Casiano no dudó de que no había empleo más útil para sostener la fe que el de maestro de escuela, y siguió enseñando a leer, escribir y a pensar, a pesar de la prohibición. "Cuán a menudo sucede que los empleos tenidos en poco por los hombres producen mucho más fruto que los empleos más brillantes."
Hoy nadie prohíbe ser maestro. No hace falta: basta con pagarte lo que se paga, evaluarte como se te evalúa, y hablar de tu profesión como si fuera un plan B para quien no logró nada mejor. Es la misma sospecha del emperador, con mejores modales.
La séptima meditación va más allá de la anécdota: compara al maestro con san Pablo, "perito arquitecto" que echó los cimientos de la fe en cada ciudad donde predicó. Guardando la proporción, dice La Salle, el maestro hace lo mismo — no es una metáfora piadosa, es una descripción funcional: sin cimientos no hay edificio, y el maestro pone los que nadie más va a poner.
Piensa en la última vez que alguien —en una fiesta, en un formulario, en una sobremesa— redujo lo que haces a "ah, eres profe" con ese tono que ya conoces. Esa frase es la versión doméstica y silenciosa de la prohibición de Juliano. No te saca del aula. Solo te convence, poco a poco, de que lo que haces ahí adentro no importa tanto.
No les creas. Un imperio entero necesitó una ley para intentar callar a los maestros. A ti solo te hace falta seguir entrando al aula.
Cuando alguien minimice tu trabajo hoy, recuerda que hizo falta un decreto imperial para intentar detener lo que tú haces gratis, todos los días, sin que nadie te lo pida.
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