Primero sube, después baja.
No puedes enseñar lo que no fuiste a buscar
San Juan Bautista de La Salle · Meditaciones para los días de Retiro, Sexta meditación (MR 198)
Nadie puede servir agua de un vaso que no llenó primero. Y sin embargo ahí estás, todos los días, tratando de dar algo que a veces no te diste tiempo de ir a buscar.
La Salle compara al maestro con los ángeles de la escalera que Jacob vio en sueños: subían a Dios para conocer lo que debían enseñar, y bajaban para instruir según la capacidad de quien los escuchaba. "Vuestro deber es subir todos los días... para aprender... y descender luego hasta ellos." Dos movimientos, no uno.
No hace falta llamarlo oración si esa palabra no te acomoda. Llámalo el rato antes de las siete en que revisas de verdad la clase, o el silencio de cinco minutos antes de que entren los primeros estudiantes. Lo que importa es el movimiento: subir primero, bajar después. Casi nadie baja bien sin haber subido antes.
Y luego describe, con una lista casi clínica, lo que ese descenso exige: reprender al que se ha descarriado, sin humillarlo; alentar al que desfallece; soportar al débil; ser paciente con todos. Cuatro estudiantes distintos, cuatro respuestas distintas — no una fórmula única para el salón entero.
Esta semana vas a tener, en la misma hora de clase, al que necesita corrección, al que necesita ánimo, al que necesita que simplemente lo soportes un rato más, y al que solo necesita que no pierdas la paciencia. Ninguno de los cuatro va a levantar la mano para decírtelo.
La Salle no te pide que subas la escalera una vez y ya. Te pide que la subas todos los días, porque lo que bajaste ayer se gasta.
Antes de bajar a tu salón hoy, pregúntate qué subiste a buscar esta mañana. Si la respuesta es "nada", todavía estás a tiempo.
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