Al que peor se porta, no lo sueltes

Pan de Casa La Salle Arco XIV · Las vacaciones que no se ven
maestro se acerca a estudiante solo en el patio 104

Ve por el que se te escapó

San Juan Bautista de La Salle · Meditaciones para los días de Retiro, Cuarta meditación (MR 196)

Ese estudiante que ya nadie en la sala de profesores quiere en su lista, el que interrumpe, el que tiene —como diría La Salle con una elegancia que hoy sonaría casi ofensiva— "espíritu de libertinaje", es exactamente al que hay que ir a buscar primero.

La Salle dedica la cuarta meditación a explicar cómo ser cooperadores verdaderos, no solo de nombre. El primer consejo no es una técnica pedagógica: es mirar a Cristo como el buen pastor que sale a buscar a la oveja perdida y se la carga sobre los hombros. El maestro, dice, ocupa ese mismo lugar — y por lo tanto tiene la misma obligación.

Pero hay un detalle que suele pasarse por alto: ese pastor puede dejar a las noventa y nueve porque ya se ha hecho conocer y amar por ellas. No las abandona — las noventa y nueve no se pierden mientras él va tras la una. Esperan, porque ya saben que si les tocara a ellas, él también iría. La confianza previa es lo que sostiene al grupo mientras el pastor se ausenta por uno solo.

Esto no es una fantasía piadosa del siglo XVIII. Es, casi al pie de la letra, lo que persigue hoy el Acuerdo Ministerial 028-A vigente en Ecuador: abordar los conflictos escolares con enfoque restaurativo, priorizando el diálogo y la permanencia educativa por sobre la sanción expulsiva. La normativa ya no quiere pastores que abandonen ovejas — quiere pastores capaces de ir por ellas sin romper el rebaño.

No hace falta orar en sentido estricto para practicar lo que La Salle describe. Presentar constantemente ante alguien más grande que uno mismo las dificultades de ese estudiante difícil es, en el fondo, negarse a resolverlo solo con la fuerza de voluntad de un martes cualquiera. Es admitir que hay casos que superan el reglamento y necesitan más insistencia que técnica.

La segunda parte de la meditación es todavía más incómoda: dice que el maestro debe enseñar como enseñaba Cristo, proponiendo como motivo de alegría precisamente lo que el mundo detesta — la pobreza, las injurias, las calumnias. No es una invitación al masoquismo pedagógico. Es recordar que el mérito de acompañar al estudiante difícil no se mide en resultados inmediatos, sino en la mansedumbre con que se sostiene el acompañamiento cuando no hay ningún resultado a la vista.

Ese estudiante que llegó tarde otra vez, que contesta mal, que ya tiene fama antes de que tú lo conozcas — probablemente no necesita otra sanción. Necesita ser buscado con la misma insistencia con que el pastor va por la única oveja que se le escapó, mientras las noventa y nueve, que ya lo conocen, esperan sin miedo.

Ir por él no garantiza que vuelva. Pero dejar de ir sí garantiza que no vuelva.

Para hoy

Antes de anotar la enésima falta disciplinaria, pregúntate: ¿ya fui por él, o solo lo estoy esperando desde lejos?

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