Nadie los estaba esperando antes de ti
Antes de tu salón, solo tenían la calle
San Juan Bautista de La Salle · Meditaciones para los días de Retiro, Segunda meditación (MR 194)
Antes de que sonara la primera campana de este año, ese niño ya tenía un lugar donde estar: la esquina, la calle, la pantalla del celular de algún vecino. Nadie lo estaba esperando en ningún lado. Hasta que llegaste tú.
La Salle escribe esta segunda meditación pensando en los hijos de artesanos y familias pobres de su época, que sus padres —ocupados en sobrevivir— dejaban vagar por las calles sin nadie que los recogiera durante el día. La solución que propone no es un sermón sobre la pobreza: es una escuela gratuita que los reciba, los ocupe, y les enseñe algo más grande que leer y escribir.
Traduce esa imagen al presente y no hace falta forzar mucho: cambia "artesanos y pobres" por padres con dos empleos y un bus que sale a las cinco de la mañana. Cambia "vagabundos, errantes de un lado para otro" por niños solos frente a una pantalla, aprendiendo del algoritmo lo que nadie más tuvo tiempo de enseñarles. El problema que La Salle describía en 1714 no desapareció: solo cambió de escenario.
Y la meditación no se detiene en el rescate: exige después vigilancia constante, atención a lo pequeño, cuidado en lo que ese niño hace incluso cuando nadie más lo estaría mirando. No basta con tenerlos ocupados de ocho a una. Hay que mirarlos de verdad — la mirada que distingue entre un niño distraído y uno que grita por dentro sin que se le note.
Eso, en la práctica de este lunes, significa notar quién llegó sin desayuno, quién trae el mismo miedo de ayer disfrazado de indisciplina, quién necesita que alguien le pregunte cómo está antes de preguntarle la tarea. Nadie te capacitó para eso en ninguna resolución ministerial.
Y no esperes aplausos: como recordaba La Salle a sus Hermanos, esta obra se hace sin cobrar nada a quienes la reciben — lo cual significa, en cristiano y en ecuatoriano, que probablemente nadie te lo va a agradecer esta semana. Hazlo de todos modos.
Antes de corregir la primera tarea, mira a los ojos al niño que más te cuesta mirar. Puede que ese sea, precisamente, el que menos tiene un lugar donde estar fuera de tu aula.
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