Lo que la Revolución no pudo quemar — Que la escuela vaya siempre bien

93 Pan de Casa

Lo que la Revolución no pudo quemar

Arco XII · Que la escuela vaya siempre bien

En 1777, con 46 años y treinta de experiencia como maestro de matemáticas, hidrografía y navegación en puertos como Brest y Vannes, el Hermano Agatón fue nombrado quinto sucesor de Juan Bautista de La Salle al frente del Instituto. No perdió el tiempo. En doce años construyó algo que ningún Superior anterior había logrado: escolasticados — casas reales de formación pedagógica — en Marsella, París, Melun, Maréville, Angers.

El de Marsella tenía una biblioteca que hoy sorprendería a cualquier universidad: tratados de física de Newton, once volúmenes sobre óptica, cálculo integral, arquitectura naval, trigonometría esférica. Un folleto de 1789 se jactaba, sin falsa modestia, de que llegaban alumnos "de todos los puntos de Europa e incluso de América" atraídos por "la fuerza de los estudios y la ciencia de los profesores". Era, en ese preciso año, el proyecto pedagógico lasallista en el punto más alto de toda su historia.

"…la Revolución haría naufragar las esperanzas más fundadas." Francis Ricousse fsc, "El Hermano Agatón: la experiencia de un siglo de pedagogía", Que la Escuela vaya siempre bien, Estudios Lasalianos Nº17, Roma 2013.

Esa frase, en el propio capítulo, llega sin anestesia justo después de describir la biblioteca de Marsella en su mejor momento. El mismo año en que ese folleto se imprimía con orgullo, comenzaba la Revolución Francesa. Y con ella, casi de la noche a la mañana, se hundió todo lo que Agatón había tardado doce años en construir con tacto, ciencia y paciencia. Los escolasticados, las bibliotecas, los proyectos de expansión: naufragados.

Podríamos quedarnos ahí, en la tristeza justa de ver arruinado el trabajo de una vida. Pero ya sabemos, porque venimos leyendo este libro capítulo a capítulo, que esa no fue la última palabra. El Instituto se reconstruyó después de la Revolución. Décadas más tarde, cuando Francia expulsó a los Hermanos de su propio país, esa persecución terminó globalizando la obra en vez de acabarla. Las bibliotecas de Agatón se perdieron para siempre. Sus tratados de hidrografía son hoy curiosidades de archivo que casi nadie consulta. Pero lo que de verdad sostenía todo eso por debajo —eso que llamamos, al abrir este arco, "el modo de vivir la relación educativa"— sobrevivió a la Revolución, a Napoleón, a las leyes de laicización de 1904, y llegó, doscientos treinta y siete años después, a un archivo digital que alguien abrió en Riobamba.

Lo que se construye con la vida entera rara vez se mide bien mientras se está construyendo. Solo se sabe, después, qué parte era el edificio —que puede quemarse— y qué parte era la raíz, que no.

Para hoy
¿Qué construiste alguna vez que creíste perdido — y qué parte de eso sigue viva hoy en alguien, aunque vos ya no lo veas?

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Hugo Patricio Chávez · Académico · Investigador · Riobamba, Ecuador
Fuente: Francis Ricousse fsc, "El Hermano Agatón: la experiencia de un siglo de pedagogía", en Pedro Ma Gil y Diego Muñoz (eds.), Que la Escuela vaya siempre bien. Aproximación al modelo pedagógico lasaliano, Estudios Lasalianos Nº17, Hermanos de las Escuelas Cristianas, Roma, 2013.

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