La culpa era del maestro — Que la escuela vaya siempre bien
La culpa era del maestro
Arco XII · Que la escuela vaya siempre bien
La Guía de las Escuelas, en su edición impresa de 1720, tiene un capítulo dedicado enteramente a un problema que cualquier director conoce bien: los alumnos que dejan de venir a clase. Y ahí aparece algo que no esperaríamos de un manual de hace trescientos años: cuando explica por qué un niño desarrolla "aversión hacia la escuela", el texto no busca el defecto en el niño. Lo busca en el maestro.
Dice, sin rodeos, que la ausencia puede deberse a que el alumno tiene "un nuevo maestro que no está suficientemente entrenado... que recurre con frecuencia a los castigos, o es demasiado permisivo y no tiene orden ni silencio en el aula". Y va más lejos todavía: si los estudiantes se ausentan es porque "tienen poco afecto por su maestro", y eso ocurre porque "el maestro no es agradable" y no sabe "ganarse a los alumnos". El remedio que propone la Guía no es más disciplina para el ausente. Es exigirle al maestro que se vuelva "agradable" y adquiera "una apariencia cortés, afable y sincera".
Ahora bien: ¿quién le exigía eso a un Hermano de veinticinco años, recién llegado a una escuela pobre, sin más formación que la que había recibido en el noviciado? La respuesta es el corazón del capítulo de Rummery: la comunidad. Ningún Hermano cargaba solo con la exigencia de "ser agradable" y "ganarse a los alumnos". Vivía, comía y rezaba con otros Hermanos-maestros que veían sus aciertos y sus torpezas de cerca, día a día, y que existían justamente para que "la comunidad y la escuela se fortalezcan mutuamente". Nadie estaba solo en el fracaso. Nadie tenía que resolver su falta de encanto pedagógico por su cuenta, en su casa, un domingo por la noche, sin nadie con quien hablarlo.
Ahí está el contraste que duele un poco. Hoy, cuando un estudiante falta, se desconecta o "no le interesa nada", la primera sospecha casi siempre recae en él: en la familia, en el celular, en la generación de cristal. Pocas veces la primera pregunta es sobre el maestro. Y todavía menos frecuente: ¿quién, en tu escuela, te está ayudando de verdad a vos a mejorar? Un Hermano de 1720, sin celular, sin internet, sin sala de profesores con cafetera, tenía comunidad real, sostenida, diaria. Muchos maestros de hoy, con Slack, WhatsApp y grupo de WhatsApp del colegio, están más solos que él.
Cuando un estudiante se te aleja, ¿tu primera pregunta es sobre él — o te animás a preguntarte primero por vos?
¿Quién, en tu escuela, cumple hoy el papel que cumplía la comunidad de Hermanos: verte de cerca y ayudarte a mejorar sin que te sientas juzgado?
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