La escuela nunca fue neutral — Que la escuela vaya siempre bien
La escuela nunca fue neutral
Arco XII · Que la escuela vaya siempre bien
En 1698, una Declaración real francesa obligaba a todo niño entre 7 y 14 años a asistir a la escuela parroquial — "particularmente" a los hijos de familias sospechosas de profesar la religión reformada, a la que la ley llamaba, ya con sorna incluida, la R.P.R.: Religión de los Pretendidamente Reformados. Y para hacer cumplir esa ley, procuradores del rey exigían que cada mes se les remitiera un listado con los niños que no frecuentaban la escuela. El motivo no era pedagógico. Era para poder procesar judicialmente a sus padres.
Léelo otra vez: una lista mensual, con nombres de niños, que iba a parar a manos de un juez. No para protegerlos. Para vigilar a sus padres.
En ese mundo nació La Salle. Y hay que decirlo sin cosmética: sus escuelas no fueron un jardín neutral de buenas intenciones flotando por encima de la historia. Fueron, junto a la ternura real hacia los pobres que sí existió, una pieza de un aparato — Corona e Iglesia unidas — cuyo objetivo declarado era derrotar al protestantismo y asegurar la ortodoxia de la población. El historiador Grosperrin, citado en este capítulo, no tiene reparo en llamar a esas escuelas "el más eficaz de los instrumentos" de esa cristianización forzosa. No un instrumento entre otros: el más eficaz.
Y no hay contradicción que resolver aquí, por más incómodo que suene: la ternura hacia el niño pobre y la vigilancia de la ortodoxia familiar convivían en la misma Guía, en el mismo Hermano, en el mismo siglo. No se pueden separar con pinzas para quedarnos solo con la parte que nos gusta. Quien admira a La Salle tiene que admirarlo completo, listado incluido.
Hoy nadie manda al fiscal del rey una lista de ausentismo escolar. La mandamos a Bienestar Estudiantil, al DECE, al sistema del Ministerio. Cambió el destinatario de la lista. La lista, seguimos mandándola.
Y aquí está el fondo del asunto, el que de verdad no se acomoda fácil: ninguna escuela, en ningún siglo ni en ningún país, ha sido nunca neutral. Ni la de Reims en 1698. Ni la fiscal de Riobamba en 2026. Toda escuela enseña la versión de la verdad de alguien — una Corona, una Iglesia, un Estado, una ideología pedagógica de moda — la nombre el maestro o no. La pregunta no es si tu escuela es neutral. Nunca lo ha sido, en ningún lugar del mundo.
¿De qué proyecto — religioso, estatal, ideológico — eres instrumento hoy, sin haberlo elegido conscientemente?
Si alguien escribiera dentro de trescientos años un capítulo sobre lo que tu escuela vigilaba en 2026, ¿qué encontraría en esa lista?
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