Firmeza de padre, ternura de madre.

84 Pan de Casa Arco XI
grabado sepia de dos manos de un maestro una firme y otra tierna, celo lasallista al servicio del alumno

La mano que sostiene firme y la mano que sostiene tierno

Arco XI · La cortesía que no es etiqueta

Antonio Botana usa una palabra que en un manual de convivencia escolar de hoy jamás aparecería: celo. Suena a exceso, a fanatismo, casi a algo que habría que corregir en una evaluación docente. Y sin embargo, para La Salle era justo lo contrario: la actitud espiritual que animaba todo el trato con el alumno. No era hacer mucho. Era estar descentrado del propio ego, puesto entero al servicio del otro.

Este arco lleva tres reflexiones insistiendo en que la cortesía real no es técnica de trato. Hoy Botana nos da la pieza que faltaba: esa cortesía tiene dos manos, y hay que sostenerlas juntas, lo cual es infinitamente más difícil que sostener solo una.

"Debéis sentir por ellos ternura de madre, para acogerlos, sin dejar la firmeza de padre que los aleja del desorden."

— De La Salle, Meditación 101,3 (citado en Botana, MEL 8/9, Tema 4)

Aquí está la trampa en la que casi todos caemos, de un lado o del otro. Hay maestros que se instalan cómodamente en la firmeza: reglas claras, límites sin fisuras, cero ambigüedad. Y hay maestros que se instalan cómodamente en la ternura: comprensión infinita, ninguna consecuencia que incomode. Ambos se sienten, cada uno a su manera, "buenos educadores". Ambos están, en realidad, ejerciendo solo la mitad del celo.

La firmeza sin ternura endurece. Produce alumnos obedientes y distantes, que cumplen la norma sin haberla hecho nunca propia. La ternura sin firmeza empalaga. Produce alumnos queridos pero desorientados, que confunden el cariño del maestro con la ausencia de todo límite. Ninguna de las dos, por separado, educa. Solo entrena para un tipo distinto de dependencia.

Lo que Botana rescata de La Salle es más exigente que cualquiera de las dos posturas cómodas: sostener ambas manos a la vez, en el mismo gesto, frente al mismo alumno, en el mismo minuto. Decirle que no puede seguir así y, en la misma frase, que uno no deja de creer en él. Eso no es blandura disfrazada de exigencia, ni exigencia disfrazada de cariño. Es celo, con las dos manos puestas donde deben estar.

Para hoy

Con el alumno más difícil de tu semana, di hoy una frase firme y una frase tierna. En el mismo minuto. Sin que una anule a la otra.

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