El mismo trato para todos

81 Pan de Casa Arco XI

El mismo trato para el hijo del artesano y el hijo del noble

Arco XI · La cortesía que no es etiqueta

grabado sepia de dos ninos con distinta vestimenta tratados con igual dignidad, cortesia lasallista

En 1703, Juan Bautista de La Salle publicó un libro con un título que hoy sonaría casi ridículo en una escuela: Reglas de cortesía y urbanidad cristiana para uso de las escuelas cristianas. Antes de que nadie pensara en currículos ni en competencias, ya había un manual entero dedicado a algo que parece decorativo: cómo saludar, cómo sentarse, cómo hablar. Modales, dirían algunos. Y ahí está el error que este arco quiere desarmar desde el segundo día.

Porque el libro no habla de modales de salón. Habla de dignidad. Y lo dice sin rodeos: la cortesía es cuestión de Dios, del prójimo y de uno mismo. No hay ni una línea sobre impresionar a nadie.

"Los pasajes más significativos se refieren a la conciencia que de su dignidad tiene todo cristiano — una dignidad común a todos."

— H. Jean Pungier, comentario a Reglas de Cortesía y Urbanidad, La Salle 1703

Las escuelas de La Salle recibían hijos de artesanos y de familias pobres, niños que la sociedad de entonces jamás dejaría sentarse en la misma mesa que un hijo de noble. Y sin embargo, ahí adentro, en esa aula del siglo XVII, todos aprendían exactamente el mismo trato exigente. No porque fueran a llegar a ser nobles. Sino porque nadie, ni el más pobre, valía menos frente a Dios.

Trescientos años después el ejercicio sigue siendo el mismo, solo que cambiamos los nombres. Hoy no hablamos de artesanos y nobles, hablamos del niño becado y el niño que llega en camioneta, del que repite el año y del que siempre saca cuadro de honor, del que tiene wifi en la casa y del que hace la tarea con los datos del celular de la mamá. La pregunta de fondo no cambió un milímetro: ¿tratas distinto a uno que a otro sin darte cuenta?

Aquí conviene ser honestos, sin golpes de pecho pero sin excusas tampoco: la mayoría de nosotros sí trata distinto. Más paciencia con el hijo del colega, más formalidad con el que "parece que no va a llegar a nada". No hace falta ser cruel para ser injusto. Basta con relajar la cortesía con quien menos parece merecerla, y ahí ya se rompió lo que La Salle entendía como el fundamento de todo lo demás.

Por eso un documento lasallista reciente lo pone en primer lugar y no de casualidad: entre libertad, responsabilidad, respeto a la dignidad, cortesía y amor a los demás, la cortesía es la puerta de entrada. Sin ella, los otros cuatro valores se quedan flotando, bonitos pero sin dónde pararse.

Para hoy

Nota a quién le hablas con más paciencia hoy y a quién con menos. No lo corrijas todavía. Solo nótalo.

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