La vigilancia que no es sospecha
El maestro que te mira sin acusarte
Arco XI · La cortesía que no es etiqueta
"la vigilancia debe ser apacible, sin nerviosismo ni turbación" — H. Agathon, s. XVIII
Hay una palabra que en cualquier otro oficio suena a cámara escondida: vigilancia. Aplicada a un maestro, en cambio, Juan Bautista de La Salle la convirtió en una de las doce virtudes del buen maestro. No la entendía como acecho. La entendía como una forma de amor que no aparta la vista.
Arrancamos hoy un arco nuevo, y arrancamos por lo más incómodo del tema: para hablar de cortesía en el aula primero hay que hablar de cómo mira el que educa. Porque toda cortesía empieza en la mirada, mucho antes de llegar a las palabras o a los modales.
— De La Salle, tradición de la Guía de las Escuelas, cap. 7
En el siglo XVII esa vigilancia tenía un enemigo claro: el desorden de una sala con cien niños hacinados y sin ninguna costumbre de quedarse quietos. Hoy el enemigo cambió de forma pero no de fondo. Treinta celulares brillando bajo el pupitre, treinta pestañeos entre la pizarra y la pantalla, y un profesor que puede optar por dos miradas: la del que persigue el celular, o la del que primero pregunta por qué ese chico necesita estar en otra parte.
La primera mirada corrige. La segunda educa. Se parecen tanto en la superficie —las dos terminan, quizás, con el mismo "guarda eso"— que casi nadie nota la diferencia. Pero el alumno sí la nota. Siempre la nota. Un adolescente puede tolerar mil correcciones de un maestro que lo mira con fe, y desconfiar para siempre de una sola corrección salida de una mirada de sospecha.
Aquí está la primera trampa de este arco que empieza: pensar que la cortesía es cuestión de formas —el "por favor", el "buenos días" impostado a las siete de la mañana—. No. La Salle no fundó su pedagogía en buenos modales de salón. La fundó en una convicción casi escandalosa para su siglo: que el hijo del artesano y el hijo del noble merecían exactamente la misma dignidad de trato. Eso, y no la etiqueta, es la cortesía que este blog va a perseguir en los próximos días.
Total, entre nosotros: hay maestros con un doctorado en didáctica y cero capacidad de mirar sin juzgar, y hay auxiliares con sexto de básica que saben exactamente cuándo un chico necesita silencio y cuándo necesita una pregunta. La vigilancia de la que hablaba La Salle no se enseña en ningún syllabus. Se entrena mirando, fallando, y volviendo a mirar con menos sospecha que la vez anterior.
Elige a un alumno difícil. Míralo hoy sin buscar el error. Solo mira, como quien mira para entender y no para corregir.
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