Misa sin altar, misa con todo (Teilhard de Chardin)

75 - manos abiertas recibiendo luz dorada, carboncillo y aguada sepia
75 Pan de Casa Voz jesuita

Hay misa también entre los escombros

Pierre Teilhard de Chardin escribió esta oración dos veces en su vida. La primera en 1918, como camillero en la Primera Guerra Mundial, en medio de heridos y de muertos, sin nada que poner sobre un altar. La segunda en 1923, en el desierto de Mongolia, otra vez sin pan ni vino para celebrar. La misma falta produjo, dos veces, la misma respuesta.

«Ya que hoy no tengo, Señor, yo que soy vuestro Sacerdote, ni pan, ni vino, ni altar, voy a extender mis manos sobre la totalidad del Universo, y tomar su inmensidad como materia de mi sacrificio…»

Pierre Teilhard de Chardin, El Sacerdote (1918) · repetida en La Misa sobre el Mundo, Ordos, 1923

Fíjate en el detalle que casi siempre se nos escapa: Teilhard no esperó a tener los elementos correctos para celebrar lo sagrado. Al revés. La carencia misma —ni pan, ni vino, ni altar— fue lo que lo empujó a extender las manos sobre algo más grande: el mundo entero, con sus heridos y su barro, convertido en materia de ofrenda. No improvisó una misa pobre. Encontró una misa más vasta que cualquier altar de mármol.

Esta semana, en cada escuela de la región, hay maestros que sienten exactamente esa falta: no tienen el plan de clase correcto para esto, no tienen la frase exacta, no tienen ningún protocolo del Ministerio que les diga cómo se acompaña a un niño cuya tía sigue desaparecida bajo escombros en Yaracuy. Pan, vino, altar: nada de eso está a la mano. Y aun así, el aula sigue siendo un lugar sagrado, no a pesar de la falta sino —como descubrió Teilhard dos veces— precisamente porque la falta obliga a extender las manos más allá de lo previsto.

Aterrízalo así: no necesitas el recurso pedagógico perfecto para esta semana. Necesitas estar dispuesto a que el aula entera, con su desorden y su silencio incómodo, se convierta en el espacio donde algo se ofrece igual, aunque no tengas con qué.

Para hoy

No busques el recurso ideal para hablar de lo que pasó en Venezuela. Extiende las manos sobre lo que tienes —que es poco— y ofrécelo igual. Eso también es una misa.

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