Nadie se salva solo.
Nadie se salva solo, tampoco ninguna familia
Acuerdo 044-A, Art. 21–22 · León XIV, Magnifica Humanitas, §73–75 (2026)
No somos simplemente vecinos los unos de los otros. Estamos confiados los unos a los otros.
El Artículo 22 del Acuerdo es, para un texto ministerial, casi tierno: ordena que a las madres, padres y cuidadores se les trate con "orientación clara, trato respetuoso," evitando "culpabilización, estigmatización o exclusión." El Artículo 21, en cambio, es más exigente — les pide a las familias asistir a convocatorias, informar, acompañar, firmar consentimientos, y si no lo hacen, activa la ruta por negligencia.
"...recibirán por parte del Equipo Institucional de Cuidado y Respuesta para el Bienestar Estudiantil orientación clara, trato respetuoso, información pertinente y acompañamiento institucional, evitando culpabilización, estigmatización o exclusión."
Acuerdo Ministerial MINEDEC-2026-00044-A, Art. 22
Léalo bien: el Acuerdo no le pide a la familia que sea perfecta. Le pide a la escuela que no la abandone cuando falla, y a la familia, que no abandone cuando le toque difícil. Eso es, casi palabra por palabra, lo que el papa León XIV escribió hace apenas un año en Magnifica Humanitas, hablando del principio de solidaridad.
"...el destino de cada uno está ligado al destino de todos; realmente «nadie se salva solo»... no somos simplemente vecinos unos de otros, sino que estamos confiados los unos a los otros, para que cada uno se haga cargo, en la medida de lo posible, de la vida y de las heridas del hermano y de la hermana."
León XIV, Magnifica Humanitas, §73–74
Aquí va el filo del asunto, dicho sin maquillaje: hay maestros que tratan a la familia ausente como enemiga, y hay familias que tratan a la escuela como enemiga, y los dos bandos tienen razones de sobra para desconfiar. El Artículo 21 y el Artículo 22 no resuelven esa desconfianza — solo la ponen sobre la mesa con nombre y numeral. Lo que la resuelve es lo que León XIV y cualquier abuela ecuatoriana saben sin haber leído ninguna encíclica: que cuando alguien no llega a la reunión de padres, antes de marcarlo como negligente, vale la pena preguntarse cuántos trabajos tiene esa madre, y a qué hora termina el segundo.
Para hoy
La próxima familia "difícil" que tenga que atender, trátela como lo que el acuerdo y el Papa coinciden en llamarla — alguien confiado a su cuidado, no un problema que resolver.
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