El último día también educa

El último día también educa · Con raíz y propósito
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#65 Viernes De Mello · De La Salle RC 1,3

El último día también educa

Los estudiantes no recuerdan el examen del tercer quimestre. Recuerdan cómo los miraste el último día.

Anthony de Mello contaba una historia breve, sin moraleja explícita, que era su manera favorita de decir las cosas importantes:

"Una madre le preguntó al Maestro cuándo debería iniciar la educación de su hija. '¿Cuántos años tiene la niña?', le preguntó el Maestro. 'Cinco'. '¡Cinco! ¡Ve a tu casa corriendo: vas con cinco años de retraso!'"
Anthony de Mello SJ · Un minuto para el absurdo · Nº 59 · Gujarati Sahitya Prakash, 1988

La educación no tiene un primer día claro. Tampoco tiene un último día claro. Eso que parecía el final —el timbre de este viernes, la firma del acta, la fila de salida— también educa. Quizás más que cualquier clase bien planificada.

Los seres humanos recordamos los cierres. La neurociencia lo llama efecto de recencia: lo último que vivimos deja huella desproporcionada en la memoria. Un año entero puede quedar coloreado por cómo terminó. Un vínculo puede quedar marcado por la última mirada.

¿Cómo vas a mirar a tus estudiantes hoy?

No es una pregunta retórica. Es la pregunta pedagógica más importante de este viernes. Porque ellos están mirando. Siempre están mirando. Y lo que ven en el maestro el último día del año —si está presente o ausente, si está apurado o tranquilo, si los ve o no los ve— eso se queda.

"Para que, estando los niños mañana y tarde bajo la dirección de los maestros, puedan éstos enseñarles a vivir bien."
Juan Bautista de La Salle · Regla Común de los Hermanos, 1,3 · ca. 1718

Enseñarles a vivir bien. No enseñarles a pasar el quimestre. No enseñarles a memorizar fórmulas. A vivir bien. Eso incluye aprender a cerrar un ciclo con gratitud. Aprender a despedirse de personas que importaron. Aprender que los finales merecen presencia, no prisa.

La escuela que va bien no es solo la que empieza bien. Es la que termina bien. Y la que termina bien es la que tiene, en su último día, un maestro que está ahí de verdad. Que sabe que este momento —este viernes, esta hora, este saludo final— también es currículo.

Quizás el más importante del año.

Que tu último día de clases sea digno del primero. Que los estudiantes que salgan hoy por esa puerta lleven algo más que un certificado de notas. Que lleven la experiencia de haber sido vistos, nombrados, acompañados hasta el final por alguien que eligió este oficio y que hoy, todavía, lo sigue eligiendo.

Para hoy

Antes de que suene el último timbre, mira a tus estudiantes uno por uno. No tienes que decir nada. Solo mirar. Ellos sabrán.

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