Cuentas del bien hecho
Rendir cuentas del bien hecho (no solo del mal evitado)
El sistema mide lo que salió mal. ¿Quién mide lo que salió bien?
Los sistemas institucionales tienen una tendencia perversa: miden preferentemente lo negativo. Los conflictos registrados, las quejas recibidas, los incidentes documentados. Todo lo que salió mal tiene número de expediente. Lo que salió bien, en cambio, tiende a evaporarse sin dejar rastro oficial.
El Acuerdo 028A-2026 intenta corregir eso con una cláusula que, vista con atención, resulta bastante revolucionaria:
Art. 24 — Acuerdo 028A-2026 · MINEDEC
"Las instancias de resolución de conflictos deberán presentar ante la máxima autoridad un reporte sobre la cantidad de conflictos escolares resueltos y la efectividad de los mecanismos aplicados."Conflictos resueltos. No solo conflictos ocurridos. No solo sanciones aplicadas. Resueltos. El Acuerdo está pidiendo que se documente el bien hecho, no únicamente el daño gestionado. Ese matiz no es menor: cambia el foco de la narrativa institucional.
Antonio Botana, en sus reflexiones sobre la misión lasalliana, apunta algo que va en la misma dirección: la identidad del educador no se construye en la ausencia de conflictos sino en la calidad de la respuesta cuando aparecen. Un educador no vale por lo que evitó, sino por lo que construyó. Y lo que se construyó necesita ser nombrado.
"La misión educativa es un servicio a la persona entera, que requiere del educador una presencia comprometida, capaz de reconocer el bien que se va logrando aunque sea de manera silenciosa e invisible."Antonio Botana FSC · Cuadernos MEL 8/9 · Tema 1 · Roma, 2003
Silenciosa e invisible. Así trabaja el bien en la escuela. El estudiante que dejó de pelearse con su compañero porque alguien se sentó con los dos y los ayudó a hablar. La chica que volvió después de tres ausencias porque el docente tutor fue a su casa. El muchacho que no escaló la situación porque el inspector lo contuvo a tiempo. Nada de eso aparece en un expediente. Nadie lo cuenta. Nadie rinde cuentas de ello.
El reporte del Art. 24 es una invitación —burocrática en su forma, profunda en su fondo— a hacer visible lo invisible. A decir: esto funcionó, esto resolvimos, así lo logramos. No para presumir. Para aprender. Para que el año que viene se pueda hacer más de lo que funcionó.
Mañana es el último día de clases. Antes de que llegue, vale la pena hacer ese balance no oficial, el que no va en ningún sistema: ¿qué bien hiciste este año que nadie registró? Nómbralo. Aunque sea solo para ti. El bien que no se nombra tiende a no repetirse.
Escribe tres cosas buenas que hiciste este año por un estudiante. No las que te pidieron. Las que decidiste hacer.
¿Esta reflexión te ayudó a ver lo que hiciste? Compártela con un colega que también necesita ese balance.
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Gracias por publicar estas reflexiones que nos hacen piensa en nuestro trabajo y en lo especial que es haber dado toda la vida a una escuela que ha hecho historia.
ResponderEliminarEs un ejercicio complicado, pero espero de todo corazón sea convertido en bendiciones en un tiempo de lloviznas sin que haya ninguna escarcha...
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