Firmaste sin leerlo.
Firmaste sin saberlo
El educador y el Pacto Global — o cómo la espiritualidad siempre tuvo que ver con la política
«Yo pensaba que la espiritualidad no tenía nada que ver con la política», dijo un discípulo. «Eso es porque no tienes ni idea de lo que es la espiritualidad», le replicó el Maestro. Y al día siguiente le llamó y le dijo: «Tampoco tienes ni idea de lo que es la política».»
Anthony de Mello, SJ · Un minuto para el absurdoEl 12 de septiembre de 2019, el Papa Francisco lanzó una convocatoria que la mayoría de los educadores del mundo no escuchó. No porque estuvieran distraídos. Sino porque sonó en un idioma que no reconocían como propio: el idioma de los pactos globales, las declaraciones institucionales, los compromisos que firman los gobiernos y que después nadie recuerda.
Y sin embargo, el Pacto Educativo Global no pedía la firma de los gobiernos. Pedía algo más difícil: la firma de cada educador, de cada familia, de cada comunidad. No en papel. En práctica.
Aquí entra De Mello con su aguijón habitual. Un discípulo se sorprende al enterarse de que el Maestro tiene actividades políticas. Le dice que pensaba que la espiritualidad no tenía nada que ver con la política. El Maestro le responde que no tiene ni idea de lo que es la espiritualidad. Y al día siguiente añade el segundo golpe: tampoco tiene ni idea de lo que es la política.
El chiste tiene filo de bisturí. Quien separa la espiritualidad de lo político entiende mal las dos. Y quien cree que un pacto educativo global es solo un documento burocrático entiende mal lo que significa educar.
«Cada cambio requiere un camino educativo que haga madurar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora. Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones.»
Papa Francisco · Pacto Educativo Global · Mensaje de lanzamiento · 2019El Pacto tiene siete compromisos. No son siete cosas nuevas. Son siete cosas que los educadores con vocación ya hacen — sin saber que tienen nombre, sin saber que alguien las organizó en una declaración internacional.
Poner a la persona en el centro. Escuchar a los jóvenes. Responsabilizar a la familia. Abrirse a los más vulnerables. Cuidar la casa común. Renovar la economía y la política desde la educación. Promover a la mujer. Son compromisos que ocurren — o no ocurren — cada lunes en la mañana, cuando suena el primer timbre.
De Mello tiene otro cuento que viene al caso. Un Gobernador renuncia a su cargo y busca al Maestro. Le pide que le enseñe la sabiduría. El Maestro le dice que existe un gran obstáculo: la sabiduría no puede enseñarse. El Gobernador, desconcertado, pregunta si entonces no tiene nada que aprender ahí. Y el Maestro responde: «La sabiduría no puede enseñarse, pero sí puede aprenderse».
El Pacto no puede enseñarse. No hay curso, no hay diplomado, no hay acuerdo ministerial que lo instale en un educador. Pero puede aprenderse. Se aprende mirando a un alumno como si su futuro dependiera de cómo lo tratas hoy. Se aprende cuando te sientas con un padre de familia no para informar sino para escuchar. Se aprende cuando el director que firma documentos también entra al aula a ver qué pasa de verdad.
«El valor de nuestras prácticas educativas no se medirá simplemente por haber superado pruebas estandarizadas, sino por la capacidad de incidir en el corazón de una sociedad y dar nacimiento a una nueva cultura.»
Pacto Educativo Global · Instrumentum Laboris · 2020Esta semana recorrimos juntos la aldea: la identidad del educador, el clima de comunidad, la huella en los alumnos, la relación con los jefes, el vínculo con las familias, y hoy, el telón de fondo que los sostiene a todos. No es un telón decorativo. Es la estructura invisible que decide si la aldea educa o solo coexiste.
El Pacto ya fue firmado. Fue firmado la primera vez que alguien decidió enseñar no por el sueldo ni por el título, sino porque creyó que había algo en ese niño que valía la pena descubrir. Fue firmado cada vez que un educador se quedó después de la jornada, no porque le pagaran las horas extras, sino porque alguien necesitaba que se quedara.
Lo firmaste. Probablemente sin saber que tenía nombre.
El arco — de un vistazo
Relée los siete compromisos del Pacto. No como política educativa. Como espejo. ¿Cuál de los siete ya vives? ¿Cuál te está esperando?
Esta reflexión cierra el Arco VII · La aldea que educa. Gracias por haber recorrido esta semana.
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