la otra mitad del pacto.
Los padres no son el problema. Son la otra mitad del pacto.
La relación con las familias — y por qué el amor se demuestra en las obras, no en las reuniones
«El amor se debe poner más en las obras que en las palabras. El amor consiste en comunicación de las dos partes: en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene.»
Ignacio de Loyola · Ejercicios Espirituales · EE 230Hay una escena que se repite en casi todas las instituciones educativas de América Latina con una regularidad que ya no asombra a nadie: el educador que sale de una reunión de padres con el ceño fruncido murmurando algo como «esos padres no les importa nada». Y en la vereda de enfrente, el padre que sale de esa misma reunión pensando: «ese profesor solo nos llama cuando hay problemas».
Dos percepciones. Dos soledades. Y en el medio, un niño o una niña que navega entre dos mundos que no se hablan.
Ignacio de Loyola no era pedagogo en el sentido técnico. Era, entre otras cosas, un maestro del discernimiento en las relaciones. Y en el núcleo de su contemplación más madura —la que propone al final de los Ejercicios Espirituales— pone una advertencia que tiene todo que ver con la relación entre educadores y familias: el amor se demuestra en las obras, no en las palabras. Y el amor consiste en la comunicación mutua — en dar y recibir, no en monologar desde una posición de saber.
Eso es exactamente lo que falla en la mayoría de las reuniones de representantes: no hay comunicación de las dos partes. Hay un emisor institucional y un receptor doméstico. El educador informa. El padre escucha. Nadie pregunta nada de verdad porque nadie espera ser escuchado de verdad.
«La familia es el primer e indispensable sujeto educador. Es la célula fundamental de la sociedad y, como tal, debe poder cumplir su misión de fuente de relaciones generadoras y constitutivas de la persona.»
Pacto Educativo Global · Compromiso 4 · Responsabilizar a la familia · 2019El Pacto Educativo Global nombra este compromiso con una palabra que incomoda a los educadores: responsabilizar. No colaborar. No invitar. Responsabilizar. Porque la familia no es un apéndice de la escuela. Es, según el Pacto, «el primer educador» — y eso implica que la escuela no educa en lugar de la familia, sino junto a ella, y a veces después de ella.
El cambio de mentalidad que propone Loyola —aplicado aquí— es profundo: dejar de ver al padre de familia como un problema que gestionar o un cliente que satisfacer, y empezar a verlo como alguien que también está dando algo. Que trae a ese niño cada mañana con una historia, con miedos, con expectativas que el educador nunca conocerá del todo si nunca pregunta.
«Construir pactos educativos comunitarios entre las escuelas y las familias, para responder a las necesidades del territorio.»
Pacto Educativo Global · Compromiso 4 · Consejos para los educadoresUn pacto comunitario no se firma. Se vive. Empieza cuando el educador abre la puerta del aula — no solo en sentido metafórico — y le dice a un padre: «Cuénteme usted. ¿Cómo lo ve en casa?»
Esa pregunta, sencilla y valiente, es el inicio de la otra mitad del pacto que la escuela lleva décadas postergando.
Piensa en el padre o la madre de familia con quien la relación está más tensa. Pregúntate cuándo fue la última vez que le preguntaste algo — no para informar, sino para escuchar. Esa es la obra que falta.
Esta reflexión es parte del Arco VII · La aldea que educa — una semana mirando las relaciones que sostienen (o quiebran) el acto de educar.
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