El clima no se decreta.

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#53 Pan de Casa Arco VII · La aldea que educa

El clima no se decreta

El ambiente de la comunidad docente — y por qué ningún memo lo cambia


«El diálogo es el encuentro de los hombres para ser más. No puede realizarse en la desesperanza. Si los sujetos nada esperan de su quehacer, ya no hay diálogo. Su encuentro es vacío y estéril.»

Paulo Freire · Pedagogía del Oprimido · Cap. III, 1970

Hay instituciones donde uno entra el primer día y algo en el aire te dice: aquí pasan cosas. No es la infraestructura. No es el reglamento enmarcado en la pared. Es otra cosa — más difícil de nombrar y mucho más difícil de construir. Paulo Freire lo llamó clima dialógico. Y pasó su vida entera tratando de explicar por qué sin él no hay educación real, solo simulacro.

Freire distinguía con precisión clínica entre dos tipos de acción dentro de cualquier comunidad: la antidialógica y la dialógica. La primera conquista, divide, manipula, invade. La segunda colabora, une, organiza, sintetiza. Lo inquietante es que ambas pueden vestir el mismo uniforme, usar el mismo lenguaje técnico-pedagógico y asistir a las mismas reuniones de área.

¿Cómo distinguirlas? Freire lo decía sin rodeos:

«¿Cómo puedo dialogar, si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco, y hasta me siento ofendido con ella? La autosuficiencia es incompatible con el diálogo.»

Paulo Freire · Pedagogía del Oprimido · Cap. III

Esa frase describe, sin quererlo, la mayoría de las reuniones institucionales que hemos protagonizado. El que habla sin escuchar. El que escucha solo para rebatir. El que asiente con la cabeza y después hace lo que tenía pensado desde el principio. El antidiálogo no grita — susurra, sonríe y firma el acta.

Y aquí el Pacto entra en escena no como documento sino como pregunta: ¿puede existir una alianza educativa global si la alianza mínima — la de la sala de profesores — no funciona? Francisco lo planteó con esa claridad incómoda que tiene cuando no está leyendo un discurso: se necesita una aldea entera. Pero una aldea donde cada quien habla solo no es una aldea. Es un conjunto de monólogos con patio compartido.

El clima de una comunidad docente no lo crea el director con una circular. Lo construyen, lentamente, quienes eligen cada mañana ser más y no solo estar más seguros. Los que preguntan en vez de suponer. Los que reconocen el aporte ajeno aunque les quite protagonismo. Los que tienen fe — y Freire usa esa palabra exacta — en que los demás también pueden saber más de lo que muestran.

Eso es lo que el Pacto llama «escucha paciente y diálogo constructivo». No es un método. Es una decisión cotidiana, tomada antes de que empiece la primera clase.


Para hoy

Fíjate hoy en una reunión, en un recreo, en un pasillo: ¿hay diálogo o hay monólogos alternados? Y la segunda pregunta, más difícil: ¿cuál de los dos estás aportando tú?

Esta reflexión es parte del Arco VII · La aldea que educa — una semana mirando las relaciones que sostienen (o quiebran) el acto de educar.

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