Un maestro sin preguntas

Pan de Casa Reflexión #27 Lunes, 11 de mayo de 2026

Un maestro sin preguntas

O el arte de tener respuestas para preguntas que nadie hizo

Maestro urbano escribe respuestas mientras un estudiante levanta la mano

«Solo existe saber en la invención, en la reinvención, en la búsqueda inquieta, impaciente, permanente que los hombres realizan en el mundo, con el mundo y con los otros.»

Paulo Freire · Pedagogía del Oprimido · Cap. II · 1968

Hay un tipo de maestro que inspira respeto inmediato. Entra al aula, domina el tema, responde cualquier pregunta sin titubear, cierra el tema con precisión quirúrgica y sale por la puerta con la serenidad de quien cumplió su misión. Veinte años haciendo lo mismo. Veinte años haciéndolo bien. Es, en términos institucionales, un activo invaluable.

Es también, en términos freirianos, un caso clínico.

No porque sea cruel ni negligente. Sino porque en algún punto de su trayectoria dejó de preguntarse. Y un maestro que no se pregunta no enseña a pensar — demuestra que pensar es innecesario si uno ya sabe.

Freire lo diagnosticó con la incomodidad característica de quien dice lo que todos ven y nadie nombra: la educación bancaria no solo domestica a los estudiantes. Primero domestica al maestro. Le ofrece un trato tentador — autoridad a cambio de certeza, respeto a cambio de no dudar en público — y el maestro, razonablemente, acepta. El resultado es un educador perfectamente calibrado para responder preguntas que el currículo ya anticipó, en un mundo que hace tiempo dejó de respetar ese guión.

El educador bancario, dice Freire, «se mantiene en posiciones fijas, invariables. Será siempre el que sabe, en tanto los educandos serán siempre los que no saben. La rigidez de estas posiciones niega a la educación y al conocimiento como procesos de búsqueda.»

El paradigma no cambia cuando el maestro aprende una nueva aplicación o actualiza su planificación. Cambia cuando el maestro tolera — y eventualmente celebra — no saber. Cuando entra al aula con una pregunta genuina en lugar de un programa blindado. Cuando la incertidumbre deja de ser una amenaza a su autoridad y se convierte en el punto de partida del encuentro.

Eso, en el sistema en que vivimos, es un acto de resistencia. Porque el sistema necesita maestros que entreguen respuestas eficientemente. No necesita maestros que modelen la curiosidad. La curiosidad desordena. La curiosidad hace preguntas para las que el sistema no tiene respuesta programada. La curiosidad, dicho sin eufemismos, es peligrosa.

Para hoy

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Una sola pregunta para hoy — y tiene que ser genuina, no retórica: ¿cuándo fue la última vez que no supiste algo frente a tus estudiantes y lo dijiste en voz alta?

No "vamos a investigarlo juntos" como recurso pedagógico calculado. No saber de verdad. Esa incomodidad específica de decir no lo sé sin que la voz tiemble de vergüenza. Si no recuerdas cuándo fue, el paradigma que Freire describe no está en el aula. Está en ti. Y cambiarlo empieza exactamente ahí.

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