Corazón contento

Escandalosamente feliz · Con raíz y propósito
De Mello SJ · Reflexión #24 Viernes · Para terminar la semana de pie

Escandalosamente
feliz

La risa en el aula — el maestro que enseña a reír
"¿Qué es lo que hace un Maestro?
Enseñar a la gente a reír.

¿Qué quieres que sea el niño cuando sea mayor?
Escandalosamente feliz."
Anthony de Mello, SJ · Un minuto para el absurdo · Sal Terrae, Santander

Llegó un visitante de solemne aspecto. Quería saber qué hace exactamente un Maestro. Era una pregunta seria. Esperaba una respuesta seria.

Historia · I

«¿Qué es lo que hace un Maestro?», preguntó un visitante de solemne aspecto.

«Enseñar a la gente a reír», le respondió el Maestro con toda seriedad.

Y en otra ocasión dijo:

«Cuando seáis capaces de reíros de la vida en su propia cara, seréis soberanos del mundo... exactamente igual que la persona dispuesta a morir».

Historia · II

Le preguntaron al Maestro qué quería que fuera un niño cuando creciera.

«Escandalosamente feliz», respondió.

El visitante solemne se fue desconcertado. Era exactamente la reacción que De Mello buscaba.

Porque hay algo profundamente subversivo en esas dos respuestas. El sistema educativo tiene métricas para casi todo: rendimiento, cobertura, eficiencia, competencias, estándares. No tiene ninguna métrica para la alegría. No porque la alegría no importe — sino porque no se puede medir. Y lo que no se mide, en el lenguaje del sistema, no existe.

De Mello dice que el Maestro existe precisamente para eso que el sistema no puede medir.
Y lo dice con toda seriedad. Eso es lo que lo hace tan incómodo.

Hay una tradición espiritual — jesuita, franciscana, lasalliana — que sabe desde hace siglos lo que la pedagogía contemporánea redescubre cada década: que la alegría no es el premio al final del aprendizaje. Es la condición que lo hace posible. El aula donde nadie ríe es el aula donde nadie aprende de verdad. Aprenden a reproducir, a cumplir, a sobrevivir la evaluación. Pero no aprenden.

El maestro que enseña a reír no está perdiendo el tiempo. Está haciendo exactamente lo que De Mello describe: preparando al estudiante para reírse de la vida en su propia cara. Que es la única manera de no dejarse destruir por ella.

"Escandalosamente feliz" no es ingenuo ni superficial.
Es el adjetivo más exigente que existe.
Porque el escándalo es que la felicidad persista cuando el mundo dice que no debería.

El educador que llega al viernes agotado, con la semana encima, con los informes sin entregar y la reunión del lunes ya pesando — ese educador tiene una sola pregunta pendiente antes de cerrar la semana:

¿Hubo algún momento esta semana en que el aula se rió? No de un chiste, no de la distracción — de algo verdadero. De algo que los hizo sentir que estar ahí tenía sentido.

Si lo hubo, eso ya fue suficiente. Si no lo hubo, el lunes que viene es una oportunidad.

Un santo que no ríe es un pobre santo, decía la tradición.
Un maestro que no enseña a reír es un pobre maestro.
De Mello lo sabía. Y lo dijo con toda seriedad.

Eso es lo que hace un Maestro. Eso — y nada menos que eso — es lo que se les debe a los niños que pasan por nuestras manos: la posibilidad de llegar a ser, algún día, escandalosamente felices.

Para este viernes

Antes de cerrar la semana, una sola pregunta:

¿Hubo un momento esta semana
en que tu aula se rió de verdad?

Si lo hubo: guárdalo. Repítelo.
Es más importante de lo que cualquier rúbrica puede medir.

Si no lo hubo: el lunes está cerca.
Y todavía estás a tiempo de ser
el tipo de maestro que enseña a reír.

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Las dos historias completas de De Mello están en el blog.

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