Testigo
Alguien te enseñó a ser maestro — y no fue la universidad
"Durante las oraciones, como en cualquier otra ocasión, el maestro hará lo que desea que hagan los alumnos."Juan Bautista de La Salle. Guía de las Escuelas, GE 7,4,1. Citado en Cahier 62, cap. "Los maestros en el corazón de la escuela." Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Hay un maestro que recuerdas de tu propia escuela. No el que más sabía. No el que mejor explicaba. El que llegaba de una manera distinta — con una presencia que no se enseña en ningún curso, una forma de escuchar que hacía que uno quisiera hablar, un hábito que entonces parecía extraño y ahora tiene todo el sentido del mundo.
No te lo enseñó la universidad. La universidad te enseñó didáctica, planificación curricular y evaluación por competencias. Te enseñó teoría sobre lo que debería suceder en el aula. Ese maestro te enseñó lo que realmente sucede.
En la Amazonia, los árboles jóvenes que crecen bajo el dosel no reciben luz directa durante años. Sobreviven conectados a las redes de raíces de los árboles maduros. El sistema micorrícico transfiere nutrientes de los viejos a los nuevos. No es enseñanza formal. Es transmisión silenciosa. El árbol viejo no sabe que está formando al árbol joven. Lo hace por el solo hecho de estar ahí, enraizado, con toda su historia debajo.
Juan Bautista de La Salle entendió esto antes de que existiera la pedagogía como disciplina formal. Escribió normas específicas para quienes forman a los maestros nuevos — la Regla del Formador de los nuevos maestros — no porque la formación docente fuera un trámite administrativo, sino porque sabía que los maestros se forman mirando a otros maestros. La Guía de las Escuelas lo dice sin rodeos: el maestro hará lo que desea que hagan los alumnos. Siempre. No solo cuando se lo propone.
"Los niños tienen más necesidad de testimonios que de maestros."Cahier 62, cap. "Los maestros en el corazón de la escuela," sintetizando el pensamiento pedagógico de De La Salle. Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Extendamos la idea: los maestros jóvenes también tienen más necesidad de testimonios que de metodologías. El maestro que más te formó probablemente no te dio ninguna clase sobre cómo enseñar. Te mostró algo con su manera de entrar al aula, de manejar el silencio, de responder cuando las cosas salían mal. Eso es lo que queda. Eso es lo que se transmite.
El sistema educativo tiene programas de inducción para docentes nuevos. Generalmente consisten en entregar documentos institucionales y explicar el reglamento interno. Nadie cuestiona la utilidad de los documentos institucionales. Tampoco nadie cree que eso forme a un maestro.
La formación real — la que queda, la que cambia cómo uno entra a un aula — ocurre en la observación de alguien que ya encontró su manera de estar frente a los demás. No tiene nombre oficial. No genera créditos. Pero es la raíz de todo lo que después se llama práctica docente. Y el maestro que la ofrece, la mayoría de las veces, ni siquiera sabe que está dando clase.
Para hoy
Piensa en una persona que te formó como maestro — no necesariamente un profesor. Alguien que te mostró, con su sola presencia, algo sobre cómo estar frente a otros. Escribe su nombre en algún lugar visible hoy. Y si esa persona todavía vive: díselo.
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