Reunión.
Discutir no es lo mismo que compartir
"Discutir es exponer las propias ideas para defenderlas; compartir es proponer sus ideas para enriquecerlas con las ideas ajenas; sólo el diálogo compartido hace posible el progreso."Antonio Botana, FSC. Cuadernos MEL 8/9: Itinerario del Educador, Tema 11. "El reto: construir la comunidad." Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Toda escuela tiene una reunión de área que se repite con la puntualidad de un ritual. El orden del día es el mismo. Los participantes dicen lo mismo. El acta registra los mismos acuerdos. Y la semana siguiente todo vuelve a empezar, perfectamente inalterado.
Esto no es disfuncional. Es eficiente. La reunión cumple su función: dar la apariencia de coordinación sin el costo de la transformación real. Nadie sale incómodo. Nadie cambia nada. Todos llegan a tiempo a la siguiente clase.
En la selva amazónica, los biólogos han documentado algo curioso: las especies que más ruido producen durante el día son las que menos información real intercambian. El canto territorial, el llamado de demarcación — todo es posición, no diálogo. La comunicación verdadera ocurre en el sotobosque, de noche, en frecuencias que los instrumentos básicos apenas captan. La diferencia entre el ruido y la señal no es el volumen. Es la intención.
Botana distingue dos actos que desde afuera se parecen pero por dentro son completamente distintos. En los dos hay personas reunidas alrededor de una mesa. En los dos alguien habla. Pero en uno las ideas entran a la reunión exactamente igual a como salen. En el otro, salen distintas — más completas, más verdaderas, más útiles para el trabajo de mañana.
"El 'vivir juntos' del equipo se termina en el 'hacer juntos'. La comunidad une a las personas por dentro, en su interioridad y no simplemente en sus funciones. Es un 'ser juntos' que conduce a 'realizarse juntos', en solidaridad unos con otros."Botana, FSC. Cuadernos MEL 8/9, Tema 11.
La mayoría de las reuniones docentes son equipos, y eso tiene su legitimidad: el equipo coordina, distribuye tareas, revisa cronogramas. Hace cosas juntas y termina ahí. No hay nada malo en eso — mientras nadie confunda el equipo con la comunidad. El equipo produce acuerdos. La comunidad produce personas distintas.
Construir comunidad, dice Botana sin anestesia, es un camino arduo si se quiere tomar en serio. Porque implica superar miedos, inseguridades, prejuicios. Y los miedos de una sala de profesores son muy específicos: el miedo a que si uno admite que algo no le funciona, lo vean como incompetente; el miedo a proponer algo distinto y que lo señalen como conflictivo; el miedo a sobresalir, que Botana nombra con una honestidad que todavía duele: es frecuente que se ahoguen muchas iniciativas por temor a sentirse apuntado con el dedo.
La reunión que cambiaría todo no necesita un tema nuevo en el orden del día. Necesita que alguien pase de defender su posición a proponer una idea para que el grupo la mejore. Una sola persona. Un solo momento. Eso convierte un equipo en comunidad — no para siempre, porque la comunidad es siempre algo por construir — pero sí para ese momento. Y ese momento es suficiente para que algo cambie de verdad.
Para hoy
En la próxima reunión con tus colegas, elige un momento para compartir en lugar de discutir. No defiendas una idea. Propón una y pide que la mejoren. Observa qué sucede.
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