No decidir estando triste

En tiempo de desolación, no mudar — Pan de Casa #41
Pan de Casa #41 Loyola

En tiempo de desolación, no mudar

Loyola escribió esta regla en el siglo XVI. El docente que en noviembre quiere pedir traslado la necesita hoy.

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"En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación."
Ignacio de Loyola · Ejercicios Espirituales, EE 318 · texto autógrafo, aprobación papal Paulo III, 1548

Ignacio de Loyola escribió las reglas de discernimiento entre 1522 y 1524, durante su estancia en Manresa, después de una conversión que comenzó con una bala de cañón que le destrozó la pierna en Pamplona. No era teólogo. Era un hombre que había tenido que aprender, desde el quebranto físico y la soledad de una cueva, a distinguir qué voces internas llevaban hacia adelante y cuáles lo hundían más. Las sistematizó con la precisión de un ingeniero militar — que era, en el fondo, lo que había sido.

La regla 318 es la más contraintuitiva de todas. Dice, en síntesis: cuando estés en el peor momento, no tomes decisiones importantes. No porque debas paralizarte. Sino porque la desolación — ese estado de oscuridad interna, de trabajo sin sabor, de vocación que no responde — es la consejera menos confiable que existe.

El problema no es el cansancio. El problema es creer que el cansancio dice la verdad sobre el futuro.

El docente de mediana carrera conoce la desolación con nombre y apellido, aunque nunca la haya llamado así. Es ese estado que llega puntual en octubre, o después de la segunda semana de evaluaciones, o el lunes siguiente a una reunión institucional donde se decidió algo sin preguntar a nadie. Es la sensación de que lo que uno hace ya no importa, de que los estudiantes no escuchan, de que el sistema está diseñado para agotar a los que todavía creen en algo.

En ese momento, dice Loyola, no hay que cambiar los propósitos. No el proyecto que se venía construyendo, no la decisión de quedarse en ese plantel, no el compromiso con esos estudiantes difíciles a quienes nadie más quiere atender. Porque esas decisiones fueron tomadas desde la consolación — desde un momento en que algo vivo y claro orientaba el rumbo — y la desolación no tiene autoridad para deshacerlas.

Aquí entra la comunidad docente. Porque Loyola también sabía que nadie discirne solo. La regla no es solo para el ejercitante en su celda — es para quien tiene a alguien al lado que puede decirle, con la autoridad que da el haber estado en el mismo lugar: "Lo que sientes ahora no es la verdad sobre ti. Espera."

La comunidad no resuelve la desolación. Pero impide que la desolación tome decisiones por uno.

Hay una pedagogía del aguante que la formación docente no enseña. Los programas de capacitación hablan de resiliencia como si fuera una habilidad técnica que se adquiere en un taller de cuatro horas. Loyola habla de algo más antiguo y más exacto: la capacidad de distinguir entre el momento en que algo debe cambiar realmente y el momento en que simplemente hay que sostenerse, sin ceder el timón a la oscuridad.

La segunda cita que dejó para este mismo tramo del camino es igualmente precisa, y apunta en dirección contraria — hacia los días buenos:

"El que está en consolación piensa cómo se habrá en la desolación que después vendrá, tomando nuevas fuerzas para entonces."
Ignacio de Loyola · Ejercicios Espirituales, EE 323 · texto autógrafo, 1548

Es decir: los días en que el trabajo tiene sentido, en que un estudiante responde, en que la sala de maestros tiene conversación real — esos días no son solo para disfrutarlos. Son para construir reserva. Para recordar, con precisión, qué se siente cuando la vocación está viva. Porque ese recuerdo será la única brújula confiable cuando llegue la siguiente oscuridad.

Esto es lo que una comunidad docente puede hacer que ningún programa de formación puede reemplazar: guardar memoria colectiva de los días buenos. Ser el lugar donde alguien recuerda, en voz alta, por qué empezó. Y donde otro, que lo ha olvidado, puede escucharlo.

Para hoy

Si hoy es un día difícil: no tome ninguna decisión importante sobre su trayectoria profesional. Espere. Si hoy es un día bueno: anote, aunque sea mentalmente, qué lo hace sentir así. Ese registro será lo que necesita cuando el día bueno no llegue.

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