El aula como lugar de salvación.
15 de mayo · Fiesta de San Juan Bautista De La Salle
El aula como lugar de salvación
Hugo Patricio Chávez · 15 de mayo de 2026
Acordémonos de que estamos en la Santa presencia de Dios...:
Hoy la Iglesia Católica celebra a Juan Bautista De La Salle como Patrono Universal de los Maestros. Y en varios países de esta América nuestra, hoy es simplemente el Día del Maestro. Dos razones para festejar. Una excusa perfecta para no callar lo que se piensa.
Empecemos por el principio, que en este caso es Francia, siglo XVII, y un canónigo de Reims que —seamos honestos— no tenía el menor plan de meterse con maestros de escuela. Juan Bautista De La Salle era un hombre acomodado, culto, con futuro asegurado dentro de la Iglesia. Y sin embargo, algo ocurrió. Él mismo lo confesó con una transparencia que pocas veces se ve en los santos: "si hubiera pensado que llegaría a vivir con esos maestros, lo habría abandonado desde el principio." Lo escribió así, sin adorno. Con esa honestidad brutal que tienen los hombres que han cambiado de verdad: reconociendo lo que eran antes de serlo.
De compromiso en compromiso. Así es como se construye una vocación. No con un plan quinquenal. No con un proyecto aprobado en comisión. Un paso. Luego otro. Y de pronto te ves hasta el cuello —como diría Botana— vocacionado.
¿Y qué hizo este hombre, una vez que estuvo hasta el cuello?
Fundó escuelas para los hijos de los pobres cuando a nadie más le parecía urgente. Enseñó en la lengua que hablaba la gente, no en el latín que hablaban los que mandaban. Inventó lo que hoy llamamos método simultáneo —varios niños, mismo maestro, mismo ritmo— porque entendió algo que parece obvio y que sin embargo tardó siglos en volverse política pública: que la educación no puede ser un privilegio de uno a la vez. Formó maestros, porque comprendió que sin quien enseñe bien, la escuela es solo un edificio con sillas. Y reunió a esos maestros en comunidad —no en jerarquía, no en corporación: en fraternidad— y los llamó simplemente Hermanos.
Hermanos. La palabra más sencilla y más radical que existe para nombrar una relación humana.
Aquí aparece mi historia, que ya conocen algunos y que cuento hoy porque viene al caso.
Crecí en una escuela La Salle que no tuvo Hermanos de planta. La tuvo un seglar —uno de esos colaboradores sin votos que en distintas épocas de la historia lasallista fueron llamados de formas distintas: primero un mal necesario, después partners, y que hoy el mismo De La Salle habría llamado, simplemente, compañeros de misión. Ese seglar era mi padre.
Lo que ven en la fotografía que acompaña este saludo es un collage: los Hermanos con quienes compartí misión y espiritualidad, quienes me formaron como profesional, quienes me enviaron —con la seriedad y la ternura de los que saben lo que hacen— como hermano mayor, ángel custodio y embajador de Cristo al aula. No importa de dónde ni con quién: al aula, como lugar de salvación de todos los que asisten. Incluyéndome a mí.
Porque eso también lo aprendí: que el maestro no entra al aula a salvar a nadie mientras él se queda salvado afuera. Entra con todos adentro. O no entra.
Aprendí también —y esta es la lección más difícil y la más liberadora— que ser de La Salle no significa repetir lo que el Santo hizo en la Francia del siglo XVII. Significa tratar de pensar como él pensó, y hacer en esta sociedad lo que él hubiera hecho si hubiera nacido aquí, ahora, en esta América que educa con lo que tiene y a veces sin tener casi nada.
Eso exige más imaginación que devoción. Y más coraje que nostalgia.
Y entonces, hoy, quiero saludar a todos. A los amigos —que son muchos y a quienes este espacio debe algo— y a los enemigos, que también existen y que, sin saberlo, han sido buenos maestros.
Pero en especial quiero saludar a mis padres. Los primeros lasallistas que conocí. A quienes he visto cada día —con sus oraciones y con sus obras, no solo con sus palabras— repetir en silencio aquella frase que De La Salle dejó como oración y como programa de vida:
No es resignación. Es la actitud del que confía tanto en el rumbo que puede caminar sin ver el destino completo.
Que sea un buen día de La Salle en la Iglesia. Y en cada aula de los docentes que le dedican un momento para leer estas letras cada mañana.
De compromiso en compromiso.
Con raíz y propósito.
Hugo Patricio Chávez · 15 de mayo de 2026¿Este texto te llegó? Compártelo con otro educador. Compromiso: deja tu comentario...
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Hola buenos días a todos. Soy Edith Touvi, maestra lasallista en Lomé, Togo. Togo es un país de África de oeste. Soy una exalumna de La Salle y actualmente soy profesora de español. Gracias. Feliz día del maestro a todos.
ResponderEliminarGracias por escribirnos. Sigue haciendo el bien. Formando mentes y corazones.
EliminarMuy agradecido por lo que nos incumbe....al Señor la gloria por haber asimilado y vivido el servicio, la fraternidad y la fe.
ResponderEliminarfuimos nosotros los que elegimos....fue el Señor que nos miró a los ojos a nosotros en 1er lugar y luego a la pleyade de docentes que se incorporaron en el largo trayecto
Sentidas palabras. Gracias por haber acompañado a tantos niños y jóvenes por tanto tiempo.
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