Aprendices.

El aprendiz que hizo exactamente lo que le dijeron · Con raíz y propósito
De Mello SJ · Reflexión #22 Miércoles · Para reírse sin anestesia

El aprendiz que hizo
exactamente lo que le dijeron

El aprendiz y la directriz — De Mello
"El aprendiz hizo exactamente lo que creía que le habían dicho, y al día siguiente se había convertido en el nuevo herrero del pueblo."
Anthony de Mello, SJ · Un minuto para el absurdo · Sal Terrae, Santander

El herrero del pueblo contrató a un aprendiz dispuesto a trabajar duro. Le explicó el procedimiento con toda claridad. O eso creyó.

El cuento · Anthony de Mello SJ

El herrero del pueblo contrató a un aprendiz dispuesto a trabajar duro por poco dinero, y se puso a instruirlo:

«Cuando yo saque la pieza del fuego, la pondré sobre el yunque; y cuando te haga una señal con la cabeza, golpéala con el martillo».

El aprendiz hizo exactamente lo que creía que le habían dicho, y al día siguiente se había convertido en el nuevo herrero del pueblo.

De Mello no explica el remate. No hace falta. La imagen llega sola — el martillo, la cabeza, el herrero en el suelo — y con ella llega la pregunta que nadie quiere hacerse un miércoles por la mañana:

¿Cuántas veces el problema no era el aprendiz?

El aprendiz no se rebeló. No ignoró las instrucciones. No llegó tarde ni se distrajo. Escuchó con atención, procesó lo que escuchó, y ejecutó con precisión lo que entendió. El resultado fue desastroso — pero el error estaba en el origen, no en la ejecución.

Hay un patrón que se repite en las salas de profesores con asombrosa regularidad: el docente explica, el estudiante no entiende o entiende mal, y el diagnóstico es automático — el estudiante no pone atención, no le importa, no tiene base. Pocas veces alguien pregunta lo que De Mello instala con humor negro en dos líneas: ¿la instrucción era clara?

No "¿era correcta?" ni "¿era completa?". Sino algo más incómodo:
¿Era clara para quien la recibía, o solo para quien la emitía?

Esa diferencia es todo. El herrero sabía perfectamente a qué se refería con "señal con la cabeza". Era obvio para él — llevaba años haciendo esa seña frente al yunque. Lo que no calculó es que para el aprendiz, sin ese contexto, la señal era ambigua. Y la ambigüedad, en presencia de un martillo, tiene consecuencias.

En el aula, las consecuencias son menos dramáticas pero igual de reales. El ejercicio mal resuelto. La consigna interpretada al revés. La actividad que produce exactamente lo contrario de lo que se buscaba. Y detrás de cada uno de esos casos, la misma pregunta que casi nadie formula: ¿la instrucción era clara para el estudiante que la recibió, o solo para el docente que la dio?

De Mello no es pedagogo. Pero diagnosticó en dos líneas algo que los manuales de didáctica tardan capítulos en decir: la claridad no está en quien habla. Está en quien escucha.

Hay un segundo nivel en el cuento que vale la pena no perderse. El aprendiz no solo ejecutó la instrucción — la ejecutó con suficiente precisión como para quedarse con el negocio. Eso significa que tenía habilidad, disposición y energía. Todo lo que necesita un buen estudiante. Solo le faltó una instrucción que estuviera a la altura de sus capacidades.

Eso también es un diagnóstico. El estudiante que "no entiende" a veces es el estudiante que entendió perfectamente una instrucción deficiente. Y el que tiene la vara para medir esa deficiencia no es el sistema de evaluación — es el docente que se hace la pregunta antes de calificar.

El miércoles es un buen día para reírse — primero del herrero, luego de uno mismo. Sin drama. Con la levedad que De Mello siempre propone: el humor como forma de ver lo que la seriedad profesional no deja ver.

Para hoy

Hoy, en alguna clase, antes de concluir que el estudiante no entendió:

¿La instrucción era clara para él,
o solo era clara para mí?

Si la respuesta honesta es la segunda,
el problema no estaba en el aprendiz.
Estaba en la señal con la cabeza.

Y eso tiene solución. El herrero ya no.

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La reflexión completa, con el cuento y las fuentes, está en el blog.

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Comentarios

  1. Tan sólo un pequeño y modesto aporte.pienso que la claridad tiene que manifestarse tanto en quien formula la pregunta como en quien debe contestarla, con el aditamento de que quien la formuló debe cerciorarse que su interlocutor la entendió plenamente.
    Por lo que antecede, elaborar un cuestionario de verdad es un trabajo que exige mucho al docente quien debe estar dispuesto a aceptar la respuesta con los términos que utilice el alumno, obviamente dentro del contexto estudiado.
    Esta estrategia anular el memorismo




    UTILIZABA EXACTANENTE

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