Certificado
Lo que no sale en el certificado
"Ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo; los hombres se educan en comunión, y el mundo es el mediador."Paulo Freire. Pedagogía del Oprimido, Cap. 2. Siglo XXI Editores, 1970.
Ecuador tiene un sistema de créditos para la actualización docente. El maestro los acumula como si el conocimiento fuera moneda de cambio: cuarenta horas aquí, veinte horas allá, un taller de innovación pedagógica en agosto, otro de gestión del aula en noviembre. Al final del año el portafolio es más grueso. La práctica, exactamente igual.
La selva no capacita. La selva transfiere. El árbol viejo no convoca a los árboles jóvenes a un taller sobre cómo crecer — simplemente modifica el suelo, crea sombra, deja caer semillas. Y en ese acto, sin facilitador ni memorando de convocatoria, ocurre todo el aprendizaje.
El taller más poderoso que muchos maestros recuerdan no tuvo diapositivas. Fue una conversación de quince minutos en el pasillo antes de la primera clase. El colega que te dijo: "a ese grupo no le vayas con teoría al inicio — primero hazlos reír." Sin credencial. Sin créditos. Sin certificado. Y sin embargo eso cambió el año escolar.
Freire lo formuló con una claridad que todavía incomoda al sistema: el educador no es sólo el que educa — es aquel que, en tanto educa, también es educado a través del diálogo. No hay quien enseña y quien aprende en el intercambio real entre pares: hay dos personas que saben cosas distintas y que, en el encuentro, se hacen más capaces las dos.
"El educador ya no es sólo el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos."Freire. Pedagogía del Oprimido, Cap. 2.
El sistema de capacitación docente entendió el contenido. No entendió la comunión. Por eso fabrica diplomas con mucha eficiencia y transforma poco. Porque la transformación no ocurre en la sala de taller — ocurre en el corredor, en la sala de profesores, en el momento en que alguien comparte lo que sabe sin que nadie se lo haya pedido y sin esperar que nadie se lo reconozca.
Hay un saber que no se acredita porque no puede acreditarse: el saber situado, construido en contexto, entre personas que comparten el mismo pasillo, los mismos estudiantes difíciles, la misma cafetera rota del primer piso. Ese saber no cabe en un certificado. Pero es el que mueve el aula.
Para hoy
Antes de que termine la jornada, comparte algo con un colega. Una estrategia que te funcionó, un recurso, una manera de manejar ese tipo de estudiante que a todos desespera. No esperes que te lo pidan. Freire diría que en ese acto — el de quien comparte lo que sabe — también tú aprendes.
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