A la Mamá.
Capaces de todo. Después de todo.
Juan Bautista De La Salle —ese francés del siglo XVII que fundó escuelas para los hijos de los pobres cuando a nadie más se le ocurrió que valiera la pena— escribió en su Guía de las Escuelas algo que suena casi escandaloso en su sencillez: que una persona capaz de leer es capaz de todo. Después de todo.
Hoy es Día de la Madre. Y uno empieza a atar cabos.
Hay alguien que nos dio la vida antes de que supiéramos qué hacer con ella. Y hay alguien —muchas veces otra mujer, muchas veces una maestra— que nos enseñó a leerla. A la vida, digo. A leerla. Porque hay vidas que sin esa segunda mano nunca se abren del todo, como libros que nadie sacó jamás del estante.
A las dos, con el mismo nudo en la garganta que da reconocer que uno no llegó solo a ningún lado. Que detrás de cada persona capaz hay siempre otra persona que creyó primero.
Esta comunidad —la del blog, la del WhatsApp, la de los que leen esto en el bus o entre clases o a deshoras de la noche— existe porque seguimos creyendo que eso es verdad: que leer transforma, que el maestro importa, que vale la pena construir juntos algo que dure más que una publicación.
Gracias por estar. Gracias por leer. Gracias por reenviar esto a quien creen que lo necesita.
Después de todo... para eso estamos aquí.
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