Replantearse la caminada...
«La organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una formación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona.»
León XIV · Magnifica Humanitas, §145 · 15 mayo 2026
Replantearse. No reinventarse, no descartarse, no actualizarse con el último recurso digital disponible. La palabra que elige León XIV es más incómoda que todas esas: replantearse. Implica detenerse. Mirarse. Hacerse preguntas que el ritmo diario normalmente no deja espacio para hacerse.
El §145 de la Magnifica Humanitas diagnostica con precisión lo que ocurre cuando los sistemas educativos no reaccionan a tiempo: los planes de estudios quedan obsoletos, los métodos de evaluación miden lo que ya no importa, los espacios siguen organizados para una pedagogía que nadie practica. Y en medio de ese diagnóstico, la encíclica coloca la figura del docente. No como problema. Como parte de la solución que también necesita ser repensada.
Hay dos errores simétricos ante esa convocatoria. El primero: asumir que replantear significa abandonar todo lo anterior y convertirse en un operador de plataformas educativas. El segundo: resistirse al replanteamiento y defender la figura clásica del maestro como si el mundo no hubiera cambiado. Los dos errores comparten la misma raíz: el miedo a la tensión.
El documento es concreto en lo que implica el replanteamiento: formación continua a lo largo de toda la vida profesional. No el curso de actualización que se hace por requisito y se olvida. Formación real, sostenida, que permita al maestro dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías — ni seducido por ellas ni hostil a ellas. Dialogar. Desde una posición propia, con criterio, con capacidad de elegir.
La encíclica habla de formación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Ese es el norte. No el estudiante que sabe usar las herramientas digitales del momento. El estudiante que tiene libertad interior, pensamiento crítico, capacidad de relacionarse, sentido de la trascendencia y del bien común. Formar eso requiere un maestro que también lo tenga — o que al menos esté en camino de tenerlo.
Elige un aspecto de tu práctica que no has cuestionado en mucho tiempo — un método de evaluación, una forma de organizar la clase, un hábito de trabajo. No para eliminarlo. Para preguntarte si todavía sirve para lo que tiene que servir. Esa pregunta sola ya es formación.
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