Comunidad y PEI
La diferencia entre un equipo y una comunidad
Botana lo distingue con precisión quirúrgica. Y la distinción, aunque parece sutil, lo cambia absolutamente todo — especialmente ahora que los claustros están construyendo sus documentos institucionales.
"La comunidad es la meta de nuestro proyecto y es también el camino que debemos andar. La comunidad representa el contenido y el método de nuestro proyecto educativo. Y la comunidad es también el sujeto de este proyecto."Antonio Botana FSC · Cuadernos MEL 8/9 · Itinerario del Educador · Tema 11
En este tiempo en que las instituciones educativas del país están convocadas a construir o renovar sus documentos institucionales, vale la pena detenerse un momento antes de abrir el primer formato. No para desobedecerlo — hay que llenarlo, no hay vuelta. Sino para preguntarse desde dónde se lo va a llenar: desde un equipo que divide tareas, o desde una comunidad que comparte propósito.
La diferencia no es semántica. Antonio Botana, lasallista español y uno de los pensadores más lúcidos sobre educación y comunidad en América Latina, la traza con bisturí en su Itinerario del Educador. Y lo que dice interrumpe el piloto automático con el que muchos claustros se sientan a "construir el proyecto".
| Equipo | Comunidad |
|---|---|
| Se reúne para hacer juntos | Existe para ser juntos |
| Lo que importa son las funciones de cada miembro | Lo que importa son las personas que la componen |
| Coordina para lograr resultados | Une por dentro, en la interioridad |
| El "vivir juntos" termina en el "hacer juntos" | El "ser juntos" conduce a "realizarse juntos" |
Un claustro puede ser un equipo excelente — eficiente, puntual, con actas prolijas y compromisos cumplidos — y no haber construido comunidad. Las reuniones funcionan. Los documentos se entregan a tiempo. Nadie se queja. Y sin embargo, algo esencial no ocurre: nadie crece en el contacto con el otro. Nadie sale distinto de cómo entró.
Lo que Botana describe como comunidad no es un estado de armonía permanente ni un grupo donde todos se llevan bien. Es algo más exigente: un espacio donde la relación interpersonal es mediadora del crecimiento de cada uno. Donde la diferencia entre los miembros no se aplana para facilitar el consenso, sino que se aprovecha como fuente de complementariedad.
Y aquí viene el punto que más incomoda al momento de construir documentos institucionales: Botana dice que lo único que puede dinamizar realmente una comunidad educadora no es la habilidad del directivo ni la calidad del proceso participativo. Son los estudiantes.
"En el horizonte de todas las decisiones de la comunidad educadora, deberá estar siempre muy presente lo que ha motivado nuestra asociación: las necesidades educativas de nuestros alumnos. Sólo volviendo a ellas, dejándonos interrogar por ellas, podremos dinamizar la comunidad."Antonio Botana FSC · Cuadernos MEL 8/9 · Tema 11
Cuando el claustro pierde de vista a los estudiantes — sus nombres, sus historias, lo que traen cada mañana — se convierte en un grupo que gestiona su propio funcionamiento. Llena los campos del formato sin que nadie pregunte qué está pasando realmente en las aulas. Construye el proyecto educativo como ejercicio burocrático y lo archiva con la misma indiferencia con que fue redactado.
La distinción que Botana introduce al final es la que devuelve la esperanza: la diferencia entre discutir y compartir.
"Discutir es exponer las propias ideas para defenderlas; compartir es proponer sus ideas para enriquecerlas con las ideas ajenas; sólo el diálogo compartido hace posible el progreso."Antonio Botana FSC · Cuadernos MEL 8/9 · Tema 11
Discutir o compartir: esa es la pregunta que vale hacerse antes de la próxima reunión de claustro. No como diagnóstico institucional — eso lo hacen los formularios. Sino como pregunta personal, honesta, hecha en voz baja: ¿vengo a defender lo que ya pienso, o vengo dispuesto a salir con algo que todavía no sé?
Un proyecto educativo construido desde esa disposición es otra cosa. No necesariamente más prolijo ni más completo — pero sí más vivo. Y los estudiantes, que no leen los documentos pero sí perciben el clima de quienes los escribieron, lo notan.
Antes de la próxima reunión institucional, pregúntese en silencio: ¿qué necesidad concreta de mis estudiantes debería orientar lo que vamos a decidir hoy? Si la respuesta no aparece con claridad, esa es precisamente la conversación que falta — y que ningún formato puede reemplazar.
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