San Augustín y La Salle
Pedir lo que verdaderamente importa
"El mayor obstáculo para orar bien es no saber qué pedir. Confundimos el consuelo con la felicidad, el alivio con el bien verdadero."
Agustín de Hipona · Carta 130 · c. 412 d.C.
Agustín le escribió esta carta a una mujer que había perdido su mundo. Proba era romana, aristócrata, y Roma acababa de caer. Refugiada en Cartago, le preguntó algo que no suena a teología sino a angustia: ¿cómo se ora cuando ya no sabes qué pedir?
Agustín respondió con una certeza que todavía incomoda: el problema no es la falta de fe. Es la falta de claridad sobre el deseo. Pedimos alivio cuando necesitamos transformación. Pedimos que nada cambie cuando lo que nos salvaría es precisamente el cambio. Oramos, en el fondo, para que el mundo se acomode a nuestra comodidad.
Ayer De La Salle nos recordó que solo Dios puede tocar los corazones de quienes enseñamos. Hoy Agustín nos pregunta algo más íntimo: ¿y tú, qué le pides a este día? ¿Que tus estudiantes respondan bien? ¿Que la reunión sea corta? ¿Que nadie te complique? O algo más difícil — que tengas la lucidez para ver lo que realmente necesitan, aunque eso te cueste esfuerzo.
El deseo bien orientado, dice Agustín, ya es oración. No hacen falta palabras largas. Hace falta honestidad sobre lo que queremos y valentía para querer lo correcto.
Antes de pedir que el día sea fácil,
pide tener la claridad para hacerlo bien.
Buen inicio
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