Instrumento de tu paz.
Señor, hazme instrumento
Reflexión #7 · La Oración de la Paz — Francisco de Asís · Blog Con raíz y propósito
Hay maestros que salen de casa un lunes a las seis de la mañana sabiendo exactamente lo que les espera: el aula sin ventanas, el niño que llegará sin desayunar, el sistema que premia la obediencia y castiga la creatividad. Y aun así caminan. No porque no vean la oscuridad — la ven mejor que nadie — sino porque llevan algo adentro que la oscuridad todavía no ha podido apagar.
No voy a cambiar el mundo.
Voy a estar presente donde el mundo duele.
La oración que la tradición atribuye a Francisco de Asís no la escribió un místico en éxtasis. La escribió alguien que había bajado de los altares y subido a las leproserías — alguien que encontró a Dios no donde se lo esperaba, sino donde nadie quería ir. Francisco no pedía ser héroe ni profeta. Pedía ser instrumento. Una palabra que implica humildad radical: el instrumento no decide la música, la conduce. No impone su voluntad, transmite otra. Esa es la diferencia entre el maestro que llega a salvar y el maestro que llega a servir — una diferencia que parece pequeña y que lo cambia todo.
El instrumento no necesita ser grande.
Necesita estar afinado.
El educador latinoamericano no necesita más retórica sobre su misión transformadora. Ya sabe que transforma — lo sabe en el cuerpo, en el cansancio, en esa satisfacción silenciosa que aparece cuando un estudiante entiende algo que nadie más le había explicado de esa manera. Lo que a veces olvida es que no tiene que hacerlo solo, ni hacerlo perfecto, ni hacerlo todo. Ser instrumento significa que la fuerza que mueve no es la suya. Que puede llegar cansado al lunes — y aun así ser canal de algo que lo excede.
En las escuelas del río, en las comunidades donde el maestro es a veces el único profesional que el Estado envía, esta oración tiene un peso específico que las ciudades no siempre entienden. Donde hay odio — y a veces hay odio hacia la institución, hacia lo que la escuela representa — llevar amor no es ingenuidad: es la decisión más difícil y más subversiva que puede tomar un ser humano. Dios no espera dentro del templo. Está en ese camino de tierra del lunes por la mañana, caminando delante.
Señor, hazme instrumento de tu paz.
Donde haya odio, que yo lleve amor;
donde haya ofensa, que yo lleve perdón;
donde haya discordia, que yo lleve unión;
donde haya duda, que yo lleve fe;
donde haya error, que yo lleve verdad;
donde haya desesperación, que yo lleve esperanza;
donde haya tristeza, que yo lleve alegría;
donde haya tinieblas, que yo lleve luz.
Hoy no eres el maestro.
Eres el camino por donde pasa algo más grande que tú.
Deja que pase.
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