Estás enseñando o estás terminando de aprender?
Reflexión N.° 8
¿Estás enseñando —
o estás terminando de enseñar?
Sobre la diferencia entre una acción muerta y una acción viva,
y lo que eso significa cada vez que entras al aula.
Enseñando desde el ejemplo · Con raíz y propósito
«Hay dos maneras de fregar los platos: una consiste en fregarlos para dejarlos limpios; la otra, en fregarlos para fregarlos. La primera acción es una acción muerta, porque tu mente está fija en la idea de dejar los platos limpios; la segunda es una acción viva, porque tu mente está donde está tu cuerpo.»
Anthony de Mello, S.J. · Un minuto para el absurdo · Gujarat Sahitya Prakash, ca. 1985
De Mello escribió este libro en los últimos años de su vida, durante los retiros de psicología pastoral que daba en Poona y Bombay. Era una voz incómoda dentro de la Iglesia precisamente porque no consolaba — diagnosticaba. Sus parábolas breves, casi haiku en prosa, describían con exactitud quirúrgica algo que uno reconocía de inmediato: ese modo de vivir en el que el cuerpo hace una cosa mientras la mente ya terminó con ella.
La parábola de los platos parece doméstica. Pero describe con precisión lo que le ocurre al educador en el tercer bloque de una tarde larga, o en la primera clase de un martes sin novedad en el horario. Está al frente del aula: dice lo que tiene que decir, hace lo que tiene que hacer. Y sin embargo no está ahí. La mente ya terminó la clase. Ya firmó la planificación. Ya respondió el correo de la dirección. El cuerpo ocupa el aula; la mente lleva veinte minutos afuera.
A eso lo llama De Mello «acción muerta». No porque sea mala intención — el educador que entra así no quiere hacer mal su trabajo. Es que su mente está fija en el resultado: terminar, cumplir, completar. Y cuando la mente trabaja solo para cerrar el ciclo, el acto en sí desaparece. La clase se convierte en un trámite que hay que resolver. El estudiante, en un destinatario de contenidos que hay que entregar. El aula, en un espacio que hay que atravesar.
En la selva, los pueblos del Pastaza saben esto sin haberlo teorizado: el cazador que piensa en el regreso no caza. No por falta de técnica — sino porque su atención está dividida. La presencia completa no es un estado permanente ni un don espiritual extraordinario: es una capacidad que se practica, acto por acto, clase por clase. Diez segundos antes de entrar bastan para recordar dónde está el cuerpo y hacer que la mente vaya ahí.
Para hoy
Antes de entrar al aula — o a la reunión, o a la conversación que ya querías terminar antes de empezar — tómate diez segundos. Una sola pregunta: ¿estoy aquí para terminar esto, o estoy aquí para hacer esto?
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