El escultor no agrega mármol. Por qué eso debería preocuparnos.
Reflexión N.° 9 · Semana del 21 al 27 de abril de 2026
El escultor no agrega mármol.
Por qué eso debería preocuparnos.
Una parábola breve de De Mello que deja una pregunta larga:
¿cuánto de lo que hemos enseñado era, en realidad, estorbo?
Mano de escultor tallando piedra en claro amazónico al amanecer, figura emergiendo del mármol entre raíces de ceiba. · Con raíz y propósito
«Lo mismo que hace un escultor con la estatua de un tigre: agarra un bloque de mármol y le quita todo lo que no se parece a un tigre. Mi trabajo consiste en golpear una y otra vez en todo aquello que no es cada uno de ustedes: cualquier pensamiento, emoción, actitud o impulso que se les haya pegado desde su cultura y su pasado.»
Anthony de Mello, S.J. · Un minuto para el absurdo · Gujarat Sahitya Prakash, ca. 1985
De Mello escribió esto en Poona, India, durante los retiros de psicología pastoral que daba a sacerdotes y religiosos de todo el mundo. Era jesuita, sí — pero del tipo que hacía sentir incómodos a los otros jesuitas. Murió en 1987 en Nueva York, la misma noche que llegó, con el manuscrito de este libro recién entregado y sin saber que se convertiría en uno de los textos póstumos más leídos de la espiritualidad latinoamericana. Le hubiera dado cierta gracia irónica saberlo: un libro llamado Un minuto para el absurdo, convertido en lectura de cabecera de gente muy seria.
Pero volvamos a la parábola — porque tiene una carga que explota despacio. Cinco siglos de pedagogía occidental se construyeron sobre la misma lógica: el estudiante llega vacío, incompleto, en blanco, y la escuela lo llena. Planes de estudio, estándares de aprendizaje, competencias por nivel, objetivos por unidad, indicadores de logro — todo el andamiaje institucional parte del mismo supuesto: educar es agregar. Y nosotros, los educadores, somos los encargados del depósito. Freire ya lo dijo ayer con más diplomacia. De Mello hoy lo dice sin anestesia: esa lógica no libera al tigre — lo entierra más hondo bajo el mármol.
Lo que perturba de la imagen del escultor no es la metáfora en sí. Lo perturbador es la pregunta que arrastra consigo y que nadie quiere responder en una reunión institucional: si educar es quitar lo que no es el estudiante, ¿cuánto de lo que hemos estado poniendo adentro durante años era, precisamente, eso que sobra? ¿Cuántas horas de clase, cuántos contenidos perfectamente planificados, cuántos objetivos alcanzados con nota aprobatoria fueron mármol acumulado sobre un tigre que quería salir? Hay docentes que llevan veinte años enseñando con mucha dedicación y nunca se han hecho esa pregunta. No porque sean malos docentes — sino porque el sistema no tiene ningún incentivo para que se la hagan.
De Mello no propone caos ni improvización. Propone algo más exigente: conocer tan bien al estudiante que uno sepa qué golpear y qué dejar intacto. El escultor que no conoce la piedra destroza. El que la conoce libera. Y ahí está el nudo real de la vocación docente — no en cuánto sabes de tu materia, sino en cuánto sabes de la persona que tienes enfrente. El tigre ya está adentro. Siempre estuvo. La pregunta es si tienes el ojo para verlo y el valor para soltar el cincel cuando ya terminaste.
Para hoy
Piensa en un estudiante que "no rinde". Ahora cambia la pregunta: no qué le falta — sino qué le sobra. Qué peso carga que no es suyo. A veces el problema no es que el tigre no esté. Es que lleva demasiado mármol encima.
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