Hace 335 años, De La Salle describió tu escuela

Hace 335 años, De La Salle describió tu escuela | Con raíz y propósito

Reflexión N.° 10 · Semana del 21 al 27 de abril de 2026

De La Salle Reflexión 10 Viernes, 24 de abril de 2026

Hace 335 años, De La Salle describió tu escuela.
Eso debería incomodarnos a todos.

Una meditación del siglo XVII que tiene la perturbadora costumbre
de seguir siendo verdad en el siglo XXI.

Escuela urbana latinoamericana al amanecer, claroscuro, niño esperando solo en los escalones.

Imagen generada con inteligencia artificial · Con raíz y propósito

«Considerad que es proceder harto común entre los artesanos y los pobres dejar a sus hijos que vivan a su antojo, como vagabundos, errantes de un lado para otro, mientras no pueden dedicarlos a alguna profesión; y no tienen ninguna preocupación por enviarlos a la escuela, ya a causa de su pobreza, que no les permite pagar a los maestros, ya porque, viéndose en la precisión de buscar trabajo fuera de sus casas, se encuentran como en la necesidad de abandonarlos.»

Juan Bautista de La Salle · Meditaciones para el Retiro, MR 194,1,1 · París, ca. 1690

Lean ese párrafo otra vez. Despacio. No lo lean como un texto del siglo XVII — léanlo como el informe de contexto socioeconómico que alguien escribió anoche sobre el barrio donde está su escuela. La fecha no importa. El diagnóstico, sí. De La Salle lo escribió en París, 1690, mientras Luis XIV terminaba Versalles — el monumento más costoso de su época, construido con el trabajo de quienes no podían pagar un maestro para sus hijos. Tres siglos y un tercio después, la proporción no ha mejorado todo lo que debería. Eso merece al menos un momento de incomodidad honesta antes del café de la mañana.

Cambien «artesanos» por trabajadores informales. Cambien «vagabundos errantes» por niños con celular en la esquina. Cambien «buscar trabajo fuera de sus casas» por dos empleos y el bus de regreso a las ocho. El texto sigue siendo exacto. Eso no es nostalgia — es un problema.

De La Salle no era un teórico que describía la pobreza desde una biblioteca. Era un canónigo de buena familia que había renunciado a su prebenda, repartido su herencia durante una hambruna y terminado viviendo con sus maestros en una casa sin lujos porque era la única manera de entender desde adentro lo que estaba pasando. Cuando escribe sobre los hijos que deambulan mientras sus padres trabajan, lo escribe habiéndolos visto. Hay una diferencia enorme entre diagnosticar la exclusión educativa desde un escritorio y hacerlo desde la calle donde ocurre. De La Salle eligió la calle. Esa decisión le costó el estatus, la comodidad y, según algunos historiadores, bastantes años de vida. Pero le dio algo que muy pocos documentos oficiales tienen: precisión.

Lo que resulta verdaderamente perturbador — y aquí viene la pregunta que nadie hace en las jornadas pedagógicas institucionales — es que llevamos trescientos años sabiendo exactamente cuál es el problema y produciendo respuestas que lo rozan sin tocarlo. Tenemos más currículo que nunca. Más estándares, más competencias, más indicadores de logro, más plataformas de evaluación, más acuerdos ministeriales por página que cualquier generación anterior de educadores. Y el niño que espera solo en los escalones de la escuela mientras sus padres ya salieron a las cinco de la mañana sigue siendo, con una fidelidad que asombra, el mismo niño que De La Salle describió en 1690. El sistema ha sido muy eficiente produciendo documentos. Los documentos han sido menos eficientes produciendo justicia.

Lo que De La Salle entendió — y por eso vale seguir leyéndolo, no por devoción sino por utilidad — es que la escuela no puede comportarse como si los estudiantes llegaran desde ningún lugar. Llegan desde una familia, desde un barrio, desde una economía, desde un bus que salió antes de que amaneciera. La pregunta pedagógica real no empieza en el aula: empieza en la puerta, cuando el niño entra. ¿Desde dónde viene este estudiante hoy? No metafóricamente. Hoy, este viernes, esta semana. Esa pregunta, respondida con honestidad, cambia todo lo que sigue: el tono, el ritmo, la exigencia, la paciencia. Es también la pregunta más difícil de sostener cuando uno tiene treinta y cinco estudiantes, cuatro asignaturas y un informe que entregar antes del mediodía.

Para hoy

Antes de irritarte con el estudiante que llegó tarde, que no trajo el material, que no hizo la tarea — hazte una pregunta que De La Salle ya sabía responder en 1690: ¿desde dónde viene este chico esta mañana? A veces la respuesta cambia todo lo que viene después.

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